Tecnología Rocío Reija - Directora de Marketing Digital 03/03/2026

Anthropic vs. Pentágono: la batalla por los límites de la IA que divide a Silicon Valley y al Congreso

OpenAI admitió que su acuerdo con el Departamento de Defensa fue "oportunista", mientras demócratas prometen legislación para proteger a empresas que marquen límites éticos al uso militar de la inteligencia artificial.

La disputa entre Anthropic y el Pentágono desencadenó en menos de una semana una crisis que reconfiguró alianzas en Silicon Valley, activó al Congreso norteamericano y obligó a OpenAI a revisar públicamente su propio acuerdo con el Departamento de Defensa. En el centro del conflicto: dos líneas rojas que la creadora de Claude se negó a cruzar —vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses y automatización de sistemas de armas— y que derivaron en una orden ejecutiva que la declara riesgo para la cadena de suministro y le prohíbe operar con contratistas del Pentágono.

Las dos líneas rojas que lo desencadenaron todo

Anthropic sostuvo que sus modelos de inteligencia artificial no están en condiciones técnicas ni éticas de respaldar sistemas de armas autónomas y que su tecnología no puede utilizarse para vigilancia doméstica a escala masiva, aunque ese uso pudiera tener respaldo legal. Esas dos restricciones colisionaron con las expectativas operativas del Departamento de Defensa, que buscaba desplegar la tecnología de Claude sin condicionamientos externos impuestos por la empresa desarrolladora.

La respuesta del secretario de Defensa Pete Hegseth llegó el viernes por la noche a través de su cuenta de X con una prosa que mezcló lenguaje corporativo y retórica de confrontación: "Esta semana, Anthropic ofreció una lección magistral sobre arrogancia y traición". Hegseth insistió en que las decisiones operativas militares corresponden al presidente y al Pentágono, no a los ejecutivos del sector tecnológico privado. La orden resultante bloqueó a Anthropic de toda actividad gubernamental federal y de cualquier vínculo comercial con empresas que mantienen contratos con el Departamento de Defensa.

Anthropic respondió con igual firmeza: ninguna forma de presión o sanción modificará su postura sobre los límites de uso de su tecnología. La empresa ya anunció que impugnará judicialmente la orden ejecutiva.

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Los demócratas toman posición y buscan apoyo bipartidista

El senador Ron Wyden de Oregon, el demócrata de mayor jerarquía en el Comité de Finanzas del Senado, prometió utilizar cada recurso disponible para revertir el daño que la medida genera sobre el ecosistema de inteligencia artificial en Estados Unidos. Wyden anticipó además que buscará construir una coalición que trascienda las líneas partidarias, argumentando que las preocupaciones sobre vigilancia masiva y automatización de decisiones letales no son patrimonio exclusivo de la izquierda política.

"Esto es tan terriblemente erróneo que creo que tendremos apoyo en todo el espectro político", declaró el senador. La predicción no es retórica vacía: los demócratas del Senado tienen poder de veto sobre la extensión de leyes de vigilancia próximas a vencer y sobre futuros proyectos de gasto en defensa, lo que les otorga una palanca negociadora concreta más allá de las declaraciones públicas.

El representante Sam Liccardo, demócrata por California con distrito en el corazón de Silicon Valley, anunció una iniciativa legislativa adicional: una modificación a la Ley de Producción de Defensa —normativa de la era de la Guerra Fría— que prohibiría a las agencias federales tomar represalias contra compañías que establezcan límites razonables al uso gubernamental de su tecnología. "La tecnología es algo maravilloso pero tiene riesgos enormes y debemos escuchar a la industria cuando dice que ciertos límites son necesarios", argumentó Liccardo ante Bloomberg Television.

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OpenAI entre dos fuegos: el acuerdo "descuidado" que Sam Altman debió explicar

El timing del acuerdo entre OpenAI y el Pentágono —anunciado pocas horas después de que Anthropic recibiera la orden de exclusión— generó una incomodidad pública que Sam Altman decidió abordar directamente. En una publicación en X, el CEO de la compañía propietaria de ChatGPT reconoció que la rapidez del anuncio hizo que el acuerdo pareciera "oportunista y descuidado".

La autocrítica de Altman tiene contexto: Claude encabezó las listas de descarga de la App Store de Apple durante los días del conflicto, señal de que el posicionamiento ético de Anthropic generó un rédito de imagen concreto entre los usuarios. OpenAI leyó esa señal y respondió añadiendo cláusulas al pacto con el Pentágono para garantizar que sus sistemas no respaldarán vigilancia doméstica ni serán accesibles para agencias como la NSA sin restricciones explícitas.

"Hay muchas cosas para las cuales la tecnología simplemente no está lista", reconoció Altman, en una formulación que paradójicamente se acerca más a la postura de Anthropic que a la del Departamento de Defensa. OpenAI anunció además una reunión interna para responder preguntas de sus propios empleados sobre el acuerdo, señal de que la tensión no es solo externa.

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El fondo del debate: quién decide los límites de la IA militar

Detrás de la disputa puntual entre Anthropic y el Pentágono existe una pregunta de mayor alcance que el conflicto colocó en primer plano: ¿quién tiene autoridad para establecer los límites éticos y operativos del uso militar de la inteligencia artificial? ¿Las empresas que desarrollan la tecnología, el poder ejecutivo que la despliega o el Congreso que legisla sobre ambos?

Hegseth sostuvo que esa autoridad corresponde exclusivamente al presidente y a la cadena de mando militar. Anthropic argumentó que los desarrolladores tienen responsabilidad sobre los usos de sus sistemas, independientemente de quién los contrate. Liccardo propuso que la discusión debe ser pública porque sus consecuencias —sobre vigilancia ciudadana y decisiones letales automatizadas— afectan al conjunto de la sociedad.

La rivalidad entre Dario Amodei y Sam Altman, que antecede a este conflicto y se intensificó con el avance de Claude Code sobre Codex en el mercado de herramientas para desarrolladores, adquirió en esta semana una dimensión que excede la competencia comercial. Se convirtió en un diferendo sobre principios que ahora involucra al Congreso, al Pentágono y a la Casa Blanca.


Por Rocío Reija 13News.info | Publicado: 3 de marzo de 2026, 10:00 hs | Última actualización: 3 de marzo de 2026

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