Economía Redacción 13News 05/03/2026

Seis bancos de Wall Street coinciden: Argentina creció, pero sigue siendo la economía emergente más vulnerable al próximo shock global

 
Citi, JP Morgan, Morgan Stanley, Barclays, Wells Fargo y Bank of America reconocen los avances de Milei pero advierten que reservas negativas, tipo de cambio apreciado y dependencia del financiamiento externo exponen al país a un "sudden stop" con consecuencias devastadoras.

Hay una paradoja que los grandes bancos de Wall Street no pueden ignorar: Argentina es simultáneamente uno de los países que más crece en América Latina y el que el BID identifica como el de mayor vulnerabilidad financiera de toda la región. No es una contradicción menor. Es el retrato exacto de una economía que avanzó en estabilización fiscal pero que construyó su recuperación sobre cimientos externos todavía frágiles.

Los informes del Citi, JP Morgan, Morgan Stanley, Barclays, Wells Fargo y Bank of America —publicados esta semana en el contexto de la escalada del conflicto en Medio Oriente— son coincidentes en el diagnóstico de fondo: el programa económico de Javier Milei logró reordenar las cuentas públicas y doblegar una inflación que en diciembre de 2023 corría al 211% anual. Eso es real, mensurable y significativo. Pero también es real que las reservas netas del Banco Central siguen siendo negativas —JP Morgan las ubica cerca de los -USD 2.400 millones—, que el tipo de cambio genera dudas sobre la competitividad real de la economía, y que el financiamiento externo sigue siendo costoso. El riesgo país por encima de los 500 puntos básicos no es un número abstracto: es el precio que pagaría Argentina si quisiera volver a los mercados internacionales hoy.

El problema de las reservas no es cosmético

Cuando Wells Fargo coloca a Argentina junto a Turquía entre las economías más expuestas a un "sudden stop" —ese fenómeno brutal en que los inversores globales cortan el flujo de capitales hacia mercados emergentes en cuestión de días—, no está siendo alarmista. Está aplicando un criterio técnico elemental: los países con reservas internacionales bajas y alta dependencia del financiamiento externo son los primeros en sufrir cuando el mundo se pone nervioso.

El propio Citi lo reconoce con precisión quirúrgica: las compras de dólares del BCRA en los primeros meses del año son reales —más de USD 2.800 millones según JP Morgan—, pero parte de esos fondos se evapora en pagos de deuda. El resultado neto es un poder de fuego todavía insuficiente para absorber una corrida de magnitud. No es que el programa no funcione. Es que funciona en un contexto internacional amigable, y la pregunta relevante es qué ocurre cuando ese contexto deja de ser amigable.

El tipo de cambio: la discusión que el Gobierno no quiere tener

El ministro Caputo sostiene que el dólar no está atrasado. Barclays sostiene lo contrario: que el tipo de cambio real está "probablemente demasiado fuerte" para que la economía mejore de manera significativa. Morgan Stanley agrega que el propio programa de compras del BCRA cumple, entre otras funciones, la de evitar que el peso se aprecie todavía más.

Esta tensión no es un debate académico. El tipo de cambio real multilateral se depreció fuertemente al inicio del programa, pero luego recuperó terreno. ¿El resultado? Una economía que creció 4,4% en 2025, sí, pero con una composición sectorial altamente heterogénea: la minería y el agro traccionan, la industria y la construcción se rezagan. Es exactamente lo que cabría esperar de un esquema donde el sector transable compite con un peso relativamente caro.

Decir que "la macro está ordenada" —como repite el equipo económico— es verdad a medias. La macro fiscal está ordenada. La macro externa todavía es una obra en construcción.

Las fortalezas existen, pero no alcanzan solas

Bank of America señala algo que merece ser subrayado: Argentina ya es exportador neto de petróleo, con producción cercana a 860.000 barriles diarios, y el superávit comercial energético se acerca a los USD 8.000 millones anuales. Vaca Muerta no es un slogan político. Es hoy por hoy la principal garantía de que el frente externo pueda mejorar en los próximos años con independencia de los vaivenes del mercado financiero global.

El problema es que los recursos naturales generan flujos graduales. Un "sudden stop" es, por definición, abrupto. La energía puede financiar la transición; no puede reemplazar las reservas que todavía faltan.

La prueba de fuego está en el frente externo

El Gobierno tiene razón en un punto: el orden macroeconómico es un escudo. Pero un escudo con agujeros sigue siendo un escudo incompleto. Reservas netas negativas, cepo cambiario todavía vigente en algunos segmentos, financiamiento externo caro y un tipo de cambio cuya competitividad está bajo cuestionamiento: esa es la combinación que preocupa a seis de los bancos más importantes del mundo.

La pregunta que ningún informe responde —porque ningún modelo puede— es cuánto tiempo tiene Argentina para cerrar esas brechas antes de que el contexto internacional deje de ser benévolo. El conflicto en Medio Oriente acaba de recordarle al mundo que los shocks externos no piden permiso. Y en ese mapa, Argentina sigue siendo, según el BID, la economía emergente más expuesta de toda América Latina.

Eso no invalida lo logrado. Pero obliga a no confundir estabilización con solidez estructural. Son cosas distintas. Y los bancos de Wall Street, que tienen miles de millones de dólares jugados en esa diferencia, lo saben muy bien.

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