Economía Gustavo Rodolfo Reija - CEO Netia Group SAS 07/03/2026

Desindustrialización y colapso de la demanda interna: los dos síntomas de una misma patología estructural

 
La crisis industrial masiva certificada por la UBA y el desplome de las importaciones a mínimos de veintidós meses no son fenómenos paralelos: son manifestaciones convergentes de un modelo que estabilizó la macro ignorando sistemáticamente los motores del desarrollo productivo.

La acumulación de evidencia empírica disponible al cierre de la primera semana de marzo de 2026 configura un cuadro diagnóstico que la narrativa oficial del programa económico no puede seguir postergando. Dos conjuntos de datos, provenientes de fuentes académicas e institucionales de primer nivel, convergen hacia una conclusión que el análisis de coyuntura debe formular con la precisión que los hechos exigen: la economía argentina exhibe simultáneamente un proceso de desindustrialización acelerada sin precedentes en noventa años y una contracción de la demanda de insumos importados que los propios actores del sector describen como comparable a la recesión de 2024, a pesar de que las condiciones estructurales del mercado —tipo de cambio, apertura arancelaria, nivel de actividad agregada— deberían estar generando el efecto opuesto.

Dos síntomas, una sola patología

El informe elaborado por el Área de Estudios Sobre la Industria Argentina y Latinoamericana y el Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA certificó esta semana que la participación del sector manufacturero en el PBI descendió del 16,5% en 2023 al 13,7% en 2025. Ese nivel de representación industrial en el producto no se registraba desde antes de la Segunda Guerra Mundial. La industria argentina cayó 8,3% desde el inicio del gobierno de Milei, acumula una capacidad ociosa del 40%, destruyó 100.000 puestos de trabajo a razón de 160 empleos por jornada laboral y registró caídas en 23 de sus 24 subsectores. Los más afectados —metalurgia, calzado, curtiembres e industria de la construcción— perdieron entre el 20% y el 25% de su producción.

En paralelo, las importaciones argentinas tocaron en febrero su nivel más bajo en veintidós meses en dólares corrientes. La paradoja es técnicamente elocuente: Argentina tiene hoy un tipo de cambio más bajo, una economía más abierta y un nivel de actividad agregada superior al de la recesión de 2024, tres variables que en condiciones normales deberían impulsar las compras externas hacia arriba. Sin embargo, las importaciones de insumos y bienes de capital —los que demandan la industria y la construcción— se derrumban. Los bienes de consumo y los vehículos, en cambio, siguen creciendo en términos interanuales.

La lectura sistémica de ambos fenómenos es inmediata: una industria manufacturera en contracción estructural no demanda insumos intermedios. Una economía que destruye capacidad productiva no importa bienes de capital. Los datos son la misma historia contada desde dos ángulos distintos.

El sobrestock preelectoral como factor transitorio que no explica lo estructural

Los economistas consultados por este medio identificaron dos hipótesis no excluyentes para explicar la caída de importaciones. La primera —que varios especialistas califican como la explicación dominante en el corto plazo— apunta al comportamiento precautorio de los importadores en la previa de las elecciones legislativas de octubre de 2025. Ante la expectativa de una devaluación post-electoral que finalmente no se materializó, muchas empresas adelantaron compras masivas que no encontraron la demanda esperada, generando inventarios excedentes que el mercado interno está digiriendo con lentitud. El 53,5% de los empresarios industriales consultados por el INDEC declaró que no planea aumentar la producción por falta de demanda interna: sin expectativa de ventas, no hay incentivo para reponer stocks.

La segunda hipótesis, más profunda e incómoda, señala que la debilidad estructural de la industria manufacturera opera como causa autónoma e independiente del fenómeno del sobrestock. Los sectores que más importan insumos son precisamente los que más retroceden: industria y construcción. El INDEC confirmó esta semana que la actividad manufacturera encadenó en enero su séptima caída interanual consecutiva. Que las importaciones de insumos industriales caigan mientras las de bienes de consumo crecen no es una anomalía estadística: es la huella empírica de una economía que consume más de lo que produce y produce cada vez menos de lo que necesitaría para sostener una trayectoria de desarrollo autónomo.

Te puede interesar

Importaciones en mínimos de 22 meses: ¿sobre stockeo post-electoral o recesión manufacturera?

Tres escenarios para los próximos doce meses

La convergencia de los datos industriales y comerciales permite construir tres escenarios analíticos para el horizonte de doce meses, con probabilidades y condicionantes diferenciados.

El escenario de normalización gradual —el más benigno— supone que el sobrestock preelectoral se disipa en el primer trimestre de 2026, que la recuperación del consumo privado traccionada por la desinflación y la baja de tasas reactiva la demanda de insumos, y que la industria encuentra un piso de estabilización en torno al nivel actual. En este escenario, las importaciones recuperarían gradualmente su nivel en el segundo semestre y la producción manufacturera mostraría tasas de variación interanual menos negativas hacia fin de año. La condición necesaria es que el tipo de cambio no sufra presiones adicionales derivadas del conflicto en Medio Oriente y que las negociaciones con el FMI sobre las metas de reservas se resuelvan sin sobresaltos.

El escenario de profundización del deterioro —el más probable en ausencia de cambios de política— implica que la contracción industrial continúa a lo largo de 2026 dado que las causas estructurales —tipo de cambio apreciado, apertura sin gradualismo sectorial, ausencia de política industrial activa— no serán modificadas por la dinámica actual del programa económico. En este escenario, la capacidad ociosa del 40% que documenta el informe de la UBA no se reduce sino que se consolida como nuevo equilibrio de menor escala para el sector. La desindustrialización deja de ser un proceso de ajuste transitorio y se convierte en una transformación estructural permanente de la composición productiva argentina. El PBI industrial per cápita, ya ubicado en valores de 1985, podría retroceder hacia registros de la primera mitad de los años ochenta.

El escenario de ruptura —el de menor probabilidad pero mayor impacto— incorpora el vector del conflicto en Medio Oriente como detonante de un shock externo que amplifica las fragilidades ya identificadas. Con reservas netas del Banco Central en aproximadamente -9.856 millones de dólares bajo metodología del FMI, riesgo país por encima de los 500 puntos básicos y financiamiento externo costoso, una corrida hacia activos refugio derivada de la escalada geopolítica podría comprimir la disponibilidad de divisas, forzar una corrección cambiaria y añadir entre 1 y 2 puntos porcentuales adicionales de inflación anual, revirtiendo los avances desinflacionarios del programa y debilitando aún más el poder adquisitivo de los salarios reales. Seis bancos internacionales de primer nivel —Citi, JP Morgan, Morgan Stanley, Barclays, Wells Fargo y Bank of America— identificaron explícitamente a Argentina como una de las economías emergentes más expuestas a este tipo de evento.

Te puede interesar

Reforma laboral vigente: flexibilización sin salario ni crédito ni agenda digital no alcanza para crear empleo

La apertura sin política industrial: el nudo que los datos certifican

El presidente Milei defendió ante el Congreso la apertura de importaciones argumentando que beneficia a 48 millones de argentinos al reducir los precios de los bienes de consumo, mientras que solo perjudica a los "empresarios ineficientes". La lógica tiene coherencia interna en el marco de la economía neoclásica del comercio internacional: la competencia importadora obliga a las firmas domésticas a mejorar su productividad o a salir del mercado, asignando los recursos hacia usos más eficientes.

El problema empírico de esa hipótesis es que los datos no la validan en el contexto específico del caso argentino. La producción local de bienes de capital cayó casi un 25% entre 2023 y 2025 mientras las importaciones del mismo rubro se dispararon un 77%. Esto no describe la sustitución de productores ineficientes por proveedores más competitivos: describe el desmantelamiento de la capacidad de fabricar los medios de producción que cualquier proceso de reindustrialización futura requeriría. Un decreto habilitó el ingreso de maquinaria agrícola usada, multiplicando por ocho ese flujo entre mayo y octubre de 2025, con impacto directo sobre los fabricantes nacionales del segmento. Ningún modelo de eficiencia dinámica justifica la importación de capital usado como sustituto del desarrollo de capacidades productivas locales.

La UIA respondió con un comunicado que reclamó respeto y diálogo constructivo. El ministro Caputo intentó mediar desde Mendoza distinguiendo entre un capitalismo de mercado genuino y la dependencia de la protección estatal. La distinción conceptual es políticamente útil pero analíticamente insuficiente: los datos del informe académico de la UBA no discriminan entre empresarios eficientes e ineficientes. Certifican una destrucción manufacturera que alcanzó al 95,8% de los subsectores del país, una cifra que estadísticamente no puede ser interpretada como la selección natural de los menos competitivos.

Lo que el modelo debe incorporar para evitar el daño irreversible

El análisis integrado de ambos conjuntos de datos —desindustrialización certificada académicamente y colapso de la demanda de insumos importados— conduce a una conclusión que la política económica argentina debe procesar con urgencia antes de que la ventana de reversibilidad se cierre definitivamente. La capacidad productiva destruida no se reconstituye automáticamente cuando las condiciones macroeconómicas mejoran: el capital humano especializado se dispersa, las redes de proveedores se fragmentan, el conocimiento acumulado se pierde. Brasil tardó años en reconstruir segmentos industriales que cedió durante períodos de apertura sin gradualismo. Argentina, con una historia de desindustrialización recurrente, tiene menor margen de tolerancia ante nuevos ciclos de destrucción de capacidades.

La agenda que los datos reclaman no es incompatible con el programa de estabilización en curso: es su complemento necesario. Requiere una política de ingresos que reconstruya el poder adquisitivo de los salarios reales como motor de la demanda interna, un esquema de crédito productivo que financie la reconversión de las firmas industriales a tasas accesibles, una apertura comercial diferenciada que proteja los sectores con potencial de desarrollo y externalidades tecnológicas, y un marco normativo que anticipe el impacto de la automatización y la inteligencia artificial sobre el mercado laboral. Ninguno de estos componentes está presente en el programa actual con la densidad y la sistematicidad que la magnitud del problema exige.

Ordenar la macro es condición necesaria. No es condición suficiente. Y el tiempo para incorporar las condiciones faltantes se agota con cada jornada en que se pierden 160 empleos industriales que el mercado, librado exclusivamente a sus propias señales de precio, no reemplazará.

Por Gustavo Rodolfo Reija | CEO Netia Group SAS | 13News.info | 7 de marzo de 2026

Te puede interesar

Inflación de marzo 2026 bajo presión máxima: tarifas +11,4%, carne +27,6% en cuatro meses y naftas +15% destruyen el poder adquisitivo y amenazan el "cero inflación" de agosto que promete Milei

La canasta de servicios públicos del AMBA trepó 11,4% en marzo, la carne acumuló 27,6% de suba entre noviembre y febrero —más del doble que el IPC en igual período— y las naftas aumentaron hasta 15% en la primera semana del mes por el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre el precio internacional del crudo. El gasto mensual en luz, gas, agua y transporte de un hogar promedio supera los $213.000, equivalente al 12,3% del salario registrado promedio, contra 10,8% en marzo de 2025. 

Superávit primario récord pero intereses se duplican: el presupuesto nacional de febrero 2026 revela las tensiones ocultas del ajuste fiscal argentino

El primer bimestre de 2026 registró un superávit primario de $7,5 billones —con una mejora real interanual del 17,5%— y un resultado financiero positivo de $3,6 billones, consolidando una secuencia de equilibrios presupuestarios que el informe contextualiza históricamente como uno de los desempeños fiscales más sólidos de la serie comparable desde 2010. La lectura superficial celebra el dato. La lectura analítica desagrega su composición y encuentra una realidad más compleja.

Dólar a $1.420 con inflación al 3% mensual: el atraso cambiario silencioso que acumula tensión y amenaza la competitividad exportadora argentina en 2026

El tipo de cambio oficial se mantiene estabilizado en torno a los $1.400 desde hace seis meses mientras la inflación acumula una erosión real acelerada: el tipo de cambio real multilateral se apreció 7,7% en lo que va de 2026 y retrocedió a niveles comparables con los de 2017, alejándose del piso de competitividad que el propio FMI definió como referencia mínima en su acuerdo vigente. El dólar paralelo, a valores constantes, se ubica en los niveles más bajos de la última década. La estabilidad nominal es funcional al esquema antiinflacionario de corto plazo pero acumula vulnerabilidades estructurales que la tradición desarrollista identifica con precisión: erosión de la rentabilidad exportadora manufacturera, desincentivo a la sustitución de importaciones y dependencia creciente de precios internacionales favorables para sostener un equilibrio que la política cambiaria no puede garantizar de forma endógena.

Estabilización sin transformación: por qué el riesgo país argentino supera los 600 puntos pese al superávit fiscal y qué explica el desarrollismo que la ortodoxia omite

El riesgo país argentino superó los 600 puntos básicos en la semana del 20 de marzo de 2026, configurando la convergencia simultánea de tres vectores disruptivos de naturaleza heterogénea: el escándalo político doméstico del caso $Libra y el "Adornigate", la escalada bélica en Medio Oriente con el petróleo supernado los u$s100 por barril, y una aceleración inflacionaria sin correlato distributivo que erosiona la base de sustentación social del programa de estabilización. La lectura ortodoxa identifica factores técnicos y exógenos.

El superávit comercial que esconde el desastre: Argentina importa menos porque su economía productiva se destruye por dentro

El Intercambio Comercial Argentino de bienes de febrero 2026 registró un superávit de USD 788 millones —vigésimo séptimo mes consecutivo positivo— sobre exportaciones de USD 5.962 millones e importaciones de USD 5.174 millones. Sin embargo, la serie desestacionalizada de exportaciones cayó 16,2% respecto al mes anterior, la tendencia-ciclo lleva diez meses en descenso sostenido, y el 60% de las ventas externas corresponde a materias primas o primer nivel de procesamiento. El dato positivo en el saldo comercial coexiste con una anatomía exportadora que replica, con variaciones menores, la estructura de hace cuatro décadas.

El Rey Está Desnudo: desocupación al 7,5%, 43% de informalidad y atraso cambiario récord revelan la anatomía de una ilusión macroeconómica

El crecimiento del PBI de 4,4% en 2025 coexiste con una tasa de desocupación del 7,5%, informalidad laboral del 43%, 22.608 empresas cerradas, industria al 53,6% de capacidad instalada y un Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral en mínimos de siete años. Los datos del INDEC, el BCRA y la SRT configuran, en su convergencia sistemática, la evidencia empírica de una estabilización que viste al modelo con un traje que los registros estadísticos oficiales desmienten con la indiferencia característica de los hechos.