Economía Gustavo Rodolfo Reija-CEO Netia Group SAS 29/05/2026

La trampa de Caputo: prometió eliminar impuestos con un crecimiento que su propio plan hace imposible

El ministro ató la eliminación de retenciones, impuesto al cheque e Ingresos Brutos a un crecimiento del 6 al 8% anual. Pero su propio programa —la motosierra como dogma— es lo que vuelve ese crecimiento inalcanzable. La contradicción no es un error: es el ADN dinámicamente inconsistente del modelo.

Luis Caputo eligió el auditorio más complaciente del país —inversores y empresarios reunidos en Parque Norte— para vender un futuro de tres décadas sin impuestos distorsivos. "Por primera vez, la economía se va a llevar puesta a la política en el año electoral", lanzó en la apertura del 12° Latam Economic Forum. No fue un anuncio de política económica. Fue el primer spot de campaña de 2027, financiado con el optimismo de un auditorio que aplaude lo que ya tiene asegurado.

La motosierra no estabiliza: amputa

El oficialismo insiste en llamar "estabilización" a lo que es, en rigor, una amputación. La motosierra —elevada a símbolo de gestión— operó sobre obra pública, jubilaciones, transferencias a provincias, ciencia, salud y educación. No se reordenó el Estado: se lo desfinanció con un hacha. El superávit que el Gobierno exhibe como trofeo no surge de una economía más productiva, sino de una economía a la que se le cortó el oxígeno por el lado del gasto.

Esa es la diferencia que el relato oficial necesita borrar. Equilibrar las cuentas destruyendo capacidad productiva no es estabilizar: es administrar el empobrecimiento. Y un superávit construido sobre recesión es estructuralmente reversible, porque depende de seguir recortando indefinidamente sobre una base imponible que se achica.

La trampa lógica del "si": Caputo se contradice solo

Acá está el corazón del problema, y conviene leerlo despacio porque el ministro lo dijo con todas las letras. La eliminación de impuestos no es un plan: es una condicional. "Si la economía crece seis, siete, ocho por ciento en los próximos años", recién entonces, dijo Caputo, caerían los impuestos más distorsivos de la historia.

El "si" lo desarma todo. Porque el programa que Caputo defiende es exactamente lo que impide alcanzar esas tasas. Apertura importadora que desplaza producción nacional, tasas reales altas que estrangulan el crédito, retracción de la demanda interna y cero política industrial activa: ningún país creció al 8% sostenido con esa receta. El propio mercado lo sabe. LCG proyecta un crecimiento por debajo del 3% para 2026, traccionado solo por petróleo, minería, agro e intermediación financiera, advirtiendo que para el resto de los sectores no hay drivers claros de crecimiento.

La brecha entre el 3% que estima el mercado y el 8% que necesita la promesa no es ruido estadístico: es la prueba de que el plan es dinámicamente inconsistente. Caputo promete un premio (menos impuestos) que solo se entrega bajo una condición (crecer fuerte) que su propio esquema vuelve imposible. Es ofrecer la salida atando primero las piernas.

El modelo profundiza sus propias contradicciones

Lo más grave es que la inconsistencia no se corrige con el tiempo: se agrava. A medida que el programa avanza, la economía dual se cristaliza. El Gobierno celebra exportaciones récord —US$9.000 millones en abril, con la agroindustria en US$17.000 millones en el cuatrimestre—, pero esos enclaves primarizados generan dólares sin generar empleo masivo ni complejidad. Mientras tanto, la demanda interna no se recupera, golpeada por el bajo poder adquisitivo y la retracción del crédito, y el consumo se fuga hacia bienes importados en un contexto de apertura.

Cada trimestre que pasa, el enclave exportador se fortalece y el entramado pyme se debilita. La base imponible que debería financiar la baja de impuestos se contrae en lugar de expandirse. El modelo, lejos de converger hacia su promesa, se aleja de ella.

Y el flanco externo confirma la fragilidad. El FMI advirtió que el bajo nivel de reservas líquidas plantea riesgos para la capacidad de pago argentina, dadas las obligaciones de deuda de corto plazo y la volatilidad esperada hacia 2027. Treinta años de crecimiento prometidos por un esquema que no garantiza ni las reservas del próximo año.

Cómo se bajan los impuestos de verdad: la receta desarrollista

La teoría desarrollista enseña lo contrario al manual de Caputo. Los impuestos distorsivos no caen porque un ministro los declare condenados ante aplausos empresarios. Caen cuando la base productiva crece y se diversifica, ampliando la recaudación genuina al punto de hacer prescindibles los tributos de emergencia.

Eso exige tres condiciones que el Gobierno desprecia: primero, política industrial activa que multiplique el entramado de empresas que tributan, en lugar de fundirlas; segundo, diversificación exportadora que rompa la estructura productiva desequilibrada y aporte dólares estables, no solo del agro y la energía; tercero, un Estado que invierta en infraestructura y ciencia para elevar la productividad sistémica. Bajar Ingresos Brutos, además, requiere un pacto federal real con los gobernadores, porque es la columna del financiamiento provincial.

Sin desarrollo no hay base imponible. Sin base imponible no hay baja de impuestos sostenible. Hay, apenas, una promesa de campaña que se autodestruye en el momento exacto en que se la examina con seriedad. La verdadera divergencia no es entre datos y relato: es entre la macrofinanza que se ordena en el escritorio y la economía real que se desarma en la calle.

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