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El Tesoro absorbe $1 billón extra, coloca deuda en dólares al 5% y espera el IPC de abril: la ecuación que Caputo no puede cerrar solo con datos

Mientras el mercado descuenta una inflación de 2,6% para abril, la licitación del miércoles reveló que el equipo económico todavía desconfía de la robustez de la demanda de pesos. Dos señales simultáneas que apuntan en direcciones opuestas.
Economía14/05/2026 Redacción 13News

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El Ministerio de Economía envió esta semana dos señales que, leídas juntas, describen con precisión el estado real del programa económico. La primera: el Tesoro absorbió casi $1 billón adicional en la licitación del miércoles, por encima de los $9,7 billones en vencimientos que debía renovar. La segunda: en paralelo, colocó USD 300 millones en bonos dolarizados en el mercado local a una tasa del 5,12% anual, notoriamente inferior a la que exige el mercado internacional con el riesgo país todavía en torno de los 500 puntos básicos.

Esas dos operaciones no son contradictorias. Son complementarias. Y su complementariedad revela exactamente dónde está parado Caputo antes del dato de inflación de abril.

La aspiradora que no se apaga

El secretario de Finanzas, Federico Furiase, había anticipado el regreso inminente del denominado "Punto Anker": ese umbral en el que la demanda de pesos es suficientemente robusta como para que el Tesoro deje de absorber liquidez y comience a expandir base monetaria de manera controlada. La licitación del miércoles desmintió ese horizonte en tiempo real.

Lejos de soltar liquidez, el equipo económico optó por encender nuevamente la aspiradora. El argumento interno es claro: con el mercado inundado de dólares por la liquidación de la cosecha sojera y el IPC de abril aún sin confirmar, cualquier expansión monetaria mal calibrada podría interrumpir el proceso desinflacionario justo cuando el Gobierno más necesita mostrar resultados. La prioridad es no tropezar.

El costo de esa decisión es igualmente claro: la señal de "lubricación crediticia" que funcionarios de alto rango habían transmitido en las semanas previas queda diferida. Las pymes que esperaban tasas preferenciales desde la banca estatal, los hogares que aguardaban un relajamiento del crédito al consumo, y los sectores productivos que necesitan financiamiento para reponer equipos tendrán que esperar un ciclo más.

Desde una perspectiva desarrollista, ese diferimiento tiene un costo estructural que no aparece en los modelos de corto plazo: cada mes sin crédito productivo es un mes en que la inversión privada en capacidad instalada se posterga. Los datos del primer trimestre ya lo muestran con contundencia: las importaciones de bienes de capital cayeron 7,8% interanual. La economía real no espera al dato de inflación para tomar decisiones.

El diferencial de tasas como termómetro político

La licitación dejó un indicador que el propio ministro utiliza como argumento político: el spread de 340 puntos básicos entre el bono que vence en 2027 —colocado al 5,12%— y el que vence en 2028, tomado al 8,55%. Para Caputo, esa brecha refleja el "riesgo kuka": la percepción de mercado sobre la probabilidad de un cambio de signo político en las elecciones presidenciales de 2027 y sus eventuales implicancias sobre la continuidad del programa de deuda.

El argumento tiene sustento técnico parcial. El diferencial entre instrumentos idénticos con apenas doce meses de diferencia en el vencimiento no puede explicarse únicamente por riesgo soberano genérico. Hay una prima de riesgo político incorporada que los inversores institucionales valúan con precisión.

Lo que el argumento omite es igualmente relevante: una tasa del 8,55% en dólares para deuda soberana a 2028 no es una señal de confianza. Es el precio al que el mercado acepta prestar cuando no hay alternativas más baratas disponibles. Con el riesgo país en 500 puntos y el acceso al crédito internacional condicionado, los bonos dolarizados en el mercado local son la única fuente de financiamiento en divisas a tasa razonable que le queda a Caputo en el corto plazo.

En lo que resta del año, el Tesoro enfrenta vencimientos por USD 10.927 millones, a lo que se suman USD 997 millones en Bopreales del BCRA. Asumiendo una renovación del 40% de los intereses con organismos multilaterales, la necesidad de caja neta ronda los USD 6.900 millones. De ese total, el plan oficial contempla capturar al menos USD 4.000 millones, de los cuales ya lleva acumulados USD 2.779 millones en seis colocaciones de bonos dolarizados de mercado local.

El IPC de abril y el límite estructural de la desinflación por ancla

El consenso del mercado ubica la inflación de abril entre 2,4% y 2,8%, con la mediana del REM del BCRA en 2,6%. De confirmarse ese número, será la primera desaceleración del IPC en diez meses consecutivos de aceleración. El Gobierno lo presentará como un punto de inflexión.

El problema está en lo que viene después de ese punto. Los economistas de las principales consultoras privadas son explícitos: la inflación no perforará el 2% mensual en el horizonte próximo. Los componentes regulados —combustibles con ajuste acumulado del 9-10% en abril, medicina prepaga, tarifas de servicios públicos, transporte urbano— tienen una inercia ascendente que el ancla cambiaria no puede neutralizar porque no son bienes transables. El tipo de cambio quieto comprime la inflación de bienes. No toca la de servicios, que acumula 36% interanual.

Esa asimetría es estructuralmente corrosiva para el poder adquisitivo de los sectores medios y bajos, cuya canasta de consumo está más sesgada hacia servicios no sustituibles —salud, educación, transporte, alquiler— que la de los sectores de mayor ingreso. La desinflación que el dato de hoy mostrará es real pero selectiva: beneficia más a quienes tienen mayor capacidad de arbitraje entre bienes y servicios.

La ecuación que el dato de hoy no cierra

Un IPC de 2,6% con acumulado anual proyectado en 12% antes de junio, con meta oficial de 10,1% para todo 2026, con riesgo país en 500 puntos y con ITCRM en 84,59 —35% por debajo del promedio histórico post-convertibilidad— no es un programa que se sostiene solo con un buen dato mensual.

Es un programa que necesita con urgencia la segunda fase que todavía no llegó: crédito productivo, inversión en capacidad instalada, política industrial activa y una estrategia de competitividad cambiaria que no dependa exclusivamente del ancla nominal.

El dato de hoy importa. La tendencia importa más. Y la estructura subyacente importa más que la tendencia.

Redacción 13News

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