La startup de Mira Murati capta usd 1.800 millones sin productos: el fenómeno empresarial que desafía la lógica inversora
Thinking Machines Lab, la reciente apuesta empresarial de Mira Murati, exdirectora de Tecnología de OpenAI, ha conseguido atraer cerca de 1.800 millones de euros en financiación a pesar de carecer de productos y contar con un número reducido de empleados
Thinking Machines Lab, la reciente apuesta empresarial de Mira Murati, exdirectora de Tecnología de OpenAI, ha conseguido atraer cerca de 1.800 millones de euros en financiación a pesar de carecer de productos y contar con un número reducido de empleados. Esta paradójica situación plantea interrogantes sobre los mecanismos que rigen las inversiones en el ecosistema tecnológico actual, particularmente en el ámbito de la inteligencia artificial generativa.
La compañía, fundada hace apenas unos meses, prepara una ronda de financiación masiva que la situaría con una valoración aproximada de 8.800 millones de euros, según reportó Business Insider la semana pasada. Este fenómeno, aparentemente contrario a la lógica empresarial tradicional, encuentra explicación en dos factores fundamentales del capital riesgo contemporáneo.
El primero se relaciona con lo que los expertos denominan "ley de la potencia", un principio inversor que prioriza la identificación de casos excepcionales capaces de generar rendimientos extraordinarios. Bajo esta premisa, los fondos de capital riesgo asumen que necesitan al menos una inversión extraordinariamente exitosa que proporcione suficiente retorno para compensar múltiples fracasos en su cartera.
Si Thinking Machines Lab lograra replicar el éxito de OpenAI, actualmente valorada en 265.000 millones de euros, o incluso acercarse a gigantes como Google, con una valoración cercana a 1,76 billones de euros, la apuesta actual parecería retrospectivamente conservadora. Un escenario así multiplicaría entre diez y cien veces la inversión original, generando rendimientos suficientes para una década completa de operaciones del fondo inversor.
Sebastian Mallaby, en su libro de 2022 sobre capital riesgo, sintetizó esta estrategia afirmando que "cada año hay un puñado de casos atípicos que consiguen el gran éxito" y que "lo único que importa en el riesgo es ser dueño de una parte de esos casos".
El segundo factor explicativo incorpora lo que podría denominarse la "opción de las grandes tecnológicas", un mecanismo que ofrece a los inversores una potencial red de seguridad incluso cuando las startups no alcanzan el éxito comercial esperado.
Esta estrategia reconoce que las empresas emergentes poseen activos valiosos más allá de sus productos o ingresos, incluyendo innovaciones tecnológicas, patentes o, crucialmente, talento técnico especializado. La propia Murati representa un activo excepcional, habiendo atraído además a numerosos expertos de su etapa en OpenAI.
En el contexto competitivo actual por el dominio de la inteligencia artificial generativa, las grandes corporaciones tecnológicas han demostrado disposición para realizar adquisiciones multimillonarias principalmente orientadas a captar talento, conocidas como "acqui-hires".
Ejemplos recientes incluyen la operación de Google, que acordó pagar 2.200 millones de euros para obtener licencias tecnológicas de Character.AI y contratar a sus cofundadores junto con parte de su plantilla. Microsoft implementó una estrategia similar con Inflection, dirigida por Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, mientras Amazon siguió un enfoque comparable con Adept.
Estas transacciones, aunque generalmente no producen rendimientos extraordinarios para los inversores iniciales, permiten minimizar pérdidas o incluso obtener ganancias moderadas en proyectos que enfrentan dificultades. El acuerdo de Character.AI, por ejemplo, generó a sus inversores un rendimiento aproximado de 2,5 veces su inversión original.
Este fenómeno puede conceptualizarse como una variante de las "opciones de venta" financieras, contratos que otorgan el derecho a vender un activo a un precio específico en una fecha determinada. En términos prácticos, representa la expectativa de que, si un proyecto encuentra obstáculos significativos, existirá un comprador importante dispuesto a intervenir.
El concepto guarda similitudes con otros mecanismos de respaldo percibidos en los mercados financieros, como la "opción de la Fed", basada en la creencia de que la Reserva Federal intervendrá para estabilizar los mercados ante caídas pronunciadas, o la recientemente teorizada "opción de Trump", fundamentada en la percepción de que el presidente estadounidense implementará medidas para sostener el mercado cuando sea necesario.
La trayectoria profesional de Murati constituye un elemento central en la confianza depositada por los inversores. Su experiencia como directora de Tecnología en OpenAI, compañía desarrolladora de ChatGPT, le ha proporcionado conocimientos técnicos excepcionales y una red de contactos privilegiada en el sector de la inteligencia artificial.
El fenómeno de Thinking Machines Lab refleja las transformaciones en los criterios de valoración empresarial dentro del ecosistema tecnológico. Las métricas tradicionales como ingresos, rentabilidad o cuota de mercado han cedido protagonismo frente a factores como el potencial disruptivo, la calidad del equipo fundador o las posibilidades de adquisición por grandes corporaciones.
Esta evolución plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de tales valoraciones y su impacto en el conjunto del sector tecnológico. Algunos analistas advierten sobre posibles paralelismos con la burbuja puntocom de finales de los años 90, cuando numerosas empresas alcanzaron valoraciones astronómicas sin modelos de negocio probados.
Sin embargo, defensores de estas prácticas inversoras señalan diferencias fundamentales con aquella época. Argumentan que el potencial transformador de la inteligencia artificial generativa, respaldado por avances tecnológicos concretos, justifica valoraciones que podrían parecer excesivas bajo parámetros convencionales.
El caso de Thinking Machines Lab ilustra además cómo el capital riesgo ha adaptado sus estrategias al entorno competitivo actual, caracterizado por la concentración de recursos en grandes corporaciones tecnológicas ávidas de mantener ventajas competitivas mediante la adquisición de talento e innovación.
La evolución de esta startup en los próximos meses ofrecerá valiosas perspectivas sobre la validez de estas estrategias inversoras. Su capacidad para desarrollar productos comercialmente viables, atraer talento adicional y posicionarse estratégicamente en el ecosistema de inteligencia artificial determinará si la confianza depositada por sus inversores estaba justificada.
Mientras tanto, el sector continúa observando atentamente este fenómeno como posible indicador de tendencias más amplias en la valoración de empresas tecnológicas emergentes, particularmente aquellas lideradas por figuras prominentes procedentes de organizaciones establecidas en el ámbito de la inteligencia artificial.
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