UBA confirma "crisis industrial masiva": 160 empleos perdidos por día y un sector que retrocedió 90 años
Un estudio elaborado por dos centros de investigación de la Universidad de Buenos Aires cuantificó con precisión académica lo que el sector industrial viene denunciando desde hace meses: la industria argentina cayó 8,3% desde el inicio del gobierno de Milei, acumula una capacidad ociosa del 40% y su participación en el PBI retrocedió a niveles que no se registraban desde antes de la Segunda Guerra Mundial. El informe, difundido este viernes, llegó en el peor momento posible para el Gobierno: el mismo día en que promulgó la reforma laboral y pocas horas después de que Milei defendiera en el Congreso la apertura de importaciones como política de Estado.
El informe que nadie en el Gobierno quería ver
El Área de Estudios Sobre la Industria Argentina y Latinoamericana y el Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana, ambos dependientes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, publicaron un documento que no deja margen para interpretaciones benévolas. Veintitrés de los veinticuatro sectores que conforman la estructura manufacturera argentina registraron caídas en su valor agregado entre mediados de 2023 y mediados de 2025. Los más golpeados —metalurgia, calzado, curtiembres e industria vinculada a la construcción— perdieron entre el 20% y el 25% de su producción. Solo la industria alimenticia, las tabacaleras y el transporte mostraron cierta resiliencia relativa, aunque también retrocedieron.
El dato más contundente del relevamiento académico es el del empleo: desde noviembre de 2023 hasta la fecha del informe, el sector industrial destruyó 100.000 puestos de trabajo, a una velocidad de 160 empleos perdidos por jornada laboral. Esa cifra convierte en dato duro lo que hasta ahora era una discusión política: la industria no está atravesando un ajuste transitorio. Está en proceso de reducción estructural de su masa crítica productiva y humana.
El peso industrial cayó a niveles de antes de la Segunda Guerra Mundial
La dimensión histórica del retroceso es quizás el aspecto más perturbador del estudio. La participación del sector manufacturero en la economía argentina pasó del 16,5% del PBI en 2023 al 13,7% en 2025. Ese nivel de representación industrial en el producto no se registraba desde hace aproximadamente noventa años, lo que implica que el proceso de desindustrialización actual supera en velocidad e intensidad a episodios previos que fueron considerados críticos en su momento. El PBI industrial per cápita retrocedió cuarenta años, ubicándose en valores similares a los de 1985, en plena transición democrática y con la economía bajo el shock de la hiperinflación que llegaría cuatro años después.
El estudio también documentó una primarización creciente de la canasta exportadora industrial: las denominadas MOI —exportaciones de mayor contenido tecnológico y valor agregado— cayeron al 28% del total exportado por el sector, cuando en 2011 representaban el 35% histórico. La industria exporta cada vez más commodities y alimentos y cada vez menos manufacturas sofisticadas, lo que deteriora la posición competitiva del país en los mercados globales de mayor dinamismo.
Bienes de capital importados y el decreto que multiplicó por ocho la maquinaria agrícola usada
El informe de la UBA identificó dos fenómenos que ilustran con precisión la lógica de la política industrial vigente. El primero: la producción local de bienes de capital —los equipos y maquinarias que se usan para fabricar otros bienes— cayó casi un 25% entre 2023 y 2025, mientras las importaciones del mismo rubro se dispararon un 77%. El segundo: un decreto específico del Ejecutivo habilitó el ingreso de maquinaria agrícola usada, lo que entre mayo y octubre de 2025 generó una multiplicación por ocho de ese flujo de importaciones, con impacto directo sobre los fabricantes nacionales del segmento.
Ambos datos apuntan al mismo nudo: la apertura comercial sin diferenciación sectorial no solo compite con la producción nacional de bienes finales sino que también erosiona la capacidad de fabricar los medios de producción que cualquier proceso de reindustrialización futura requeriría.
Milei contra los "empresarios ineficientes" y la respuesta de la UIA
El contexto político en el que llega este informe no es menor. En su discurso ante el Congreso el domingo anterior, el presidente Milei defendió la apertura de importaciones argumentando que "ganan 48 millones de argentinos y pierden unos pocos: los empresarios ineficientes y los políticos corruptos". La lógica presidencial sostiene que el consumidor accede a productos importados más baratos y que esa presión competitiva obliga a los industriales locales a mejorar su eficiencia.
La UIA, presidida por Martín Rappallini, respondió con un comunicado titulado "Sin industria no hay Nación" que reclamó respeto hacia quienes producen e invierten, señaló que la adaptación al nuevo esquema económico "no es homogénea ni inmediata" y advirtió que el respeto es "condición básica del desarrollo". La Asociación Empresaria Argentina —donde tiene peso Paolo Rocca, blanco de los ataques más directos de Milei— adoptó un tono más moderado, valorando el proceso de estabilización pero reclamando diálogo constructivo.
El ministro Caputo intentó mediar desde Mendoza, aclarando que el modelo es "de capitalismo de mercado, de la gente" y que no es antiempresario, sino que distingue entre quienes "se ganan su mercado" y quienes dependen de la protección estatal. La distinción conceptual es legítima. El problema es que los datos de la UBA no discriminan entre empresarios eficientes e ineficientes: certifican una destrucción manufacturera transversal que abarca el 95,8% de los sectores industriales del país.
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