Economía Redacción 13News 18/03/2026

Deuda pública argentina creció u$s17.000 millones en 60 días: el ajuste contable que oculta el verdadero costo del financiamiento

El stock de obligaciones del Sector Público Nacional trepó de u$s455.067 millones a u$s472.135 millones entre enero y febrero, según el Boletín Mensual del Ministerio de Economía. El incremento no responde a nueva deuda neta —que cayó u$s1.814 millones— sino a un ajuste de valuación de u$s18.883 millones que el oficialismo minimiza pero que los mercados no pueden ignorar.

Los números del Boletín Mensual de la Deuda que publica el Ministerio de Economía admiten dos lecturas. La oficial, que celebra una reducción neta del endeudamiento de u$s1.814 millones en el primer bimestre de 2026. Y la que surge de leer el reporte completo: el stock total de compromisos del Sector Público Nacional se expandió en u$s17.067 millones en apenas sesenta días, impulsado por un ajuste de valuación que el Palacio de Hacienda registra con discreción técnica pero que tiene consecuencias fiscales concretas e ineludibles.

El punto de partida es contundente. Al 31 de diciembre de 2025, la deuda consolidada del Estado nacional ascendía a u$s455.067 millones. Al cierre de febrero 2026, esa cifra alcanzó u$s472.135 millones. La diferencia, u$s17.067 millones en sesenta días, equivale a más del doble del superávit fiscal primario proyectado para todo el año según las propias estimaciones del REM-BCRA.

Qué esconde el ajuste de valuación

La explicación oficial apunta al mecanismo técnico: un revalúo del stock inicial por u$s18.883 millones, vinculado a variaciones en los índices de actualización y tipos de cambio que afectan la medición en dólares de los pasivos denominados en pesos. En términos contables, el argumento es correcto. En términos de política económica, es incompleto.

El ajuste de valuación no es un artificio neutral. Refleja, de forma directa, el efecto de la inflación acumulada sobre los títulos indexados por CER y de las variaciones del tipo de cambio sobre los instrumentos dollar-linked. Ambas variables —inflación y tipo de cambio— son precisamente las que la política económica del actual gobierno pretende anclar como prioridad. La paradoja es que cada punto de inflación que no se contiene y cada movimiento del tipo de cambio que no se administra con precisión se traduce automáticamente en mayor stock de deuda medida en dólares. El ancla que no funciona perfectamente infla la deuda sin que se emita un solo bono nuevo.

La lectura que el mercado sí hace

Algunos analistas privados estiman que las obligaciones consolidadas del Estado argentino —incluyendo tanto el Tesoro Nacional como los pasivos remanentes del Banco Central— habrían disminuido entre u$s18.000 y u$s30.000 millones desde diciembre de 2023. El argumento central es el traspaso de los instrumentos de política monetaria del BCRA al Tesoro, operación que saneó el balance de la autoridad monetaria pero que no redujo el endeudamiento agregado del sector público: simplemente lo relocaliza bajo otra ventanilla contable.

Esa relocalización importa menos de lo que parece en términos de sostenibilidad fiscal. El acreedor cobra igual. El compromiso de pago es idéntico. Lo que cambió es el emisor formal del instrumento, no la obligación subyacente. Confundir consolidación contable con reducción efectiva del endeudamiento es un error analítico que tiene costos reales cuando los vencimientos llegan al calendario.

El perfil de pagos como variable crítica

En febrero, la Administración Central desembolsó u$s11.423 millones por servicio de deuda. El 91% en moneda nacional y el 9% en divisas. De ese total, u$s10.535 millones correspondieron a amortización de capital y u$s888 millones a intereses. La proporción entre capital e intereses refleja una característica estructural del perfil de vencimientos argentino: los pagos de capital dominan el flujo de caja de corto plazo, lo que convierte el acceso al refinanciamiento —no el superávit primario— en la variable verdaderamente determinante de la sostenibilidad.

Un Estado que genera superávit primario pero no puede renovar sus vencimientos en condiciones razonables enfrenta igualmente una crisis de liquidez. La diferencia entre solvencia y liquidez no es semántica: es la distinción que separa una deuda manejable de una corrida soberana. El riesgo país perforando los 600 puntos básicos en las últimas jornadas es una señal de mejora en esa dimensión, pero la magnitud del stock —u$s472.135 millones equivalentes a más del 80% del PIB estimado— deja un margen de error estructuralmente estrecho ante cualquier shock externo de magnitud.

Lo que los números no dicen pero implican

La deuda no es el problema central de la economía argentina en este momento. El problema central es la combinación de deuda elevada con ancla cambiaria que aprecia el peso, ancla salarial que comprime la demanda interna, y un shock energético global que presiona la inflación desde la oferta. En ese contexto, un ajuste de valuación de u$s18.883 millones en un bimestre no es un dato técnico menor: es el síntoma de que las variables que determinan el stock de compromisos soberanos se mueven en dirección contraria a la que el programa de estabilización requiere para que la trayectoria de deuda sea descendente en términos reales.

El Ministerio de Economía tiene razón en señalar que la deuda neta cayó. El mercado tiene razón en mirar el stock bruto. Ambas lecturas son correctas. Y precisamente por eso, la única conclusión posible es que el margen para errores de política se está achicando con cada bimestre que pasa.


Por Redacción 13News/ 18/3/2026.

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