Economía Redacción 13News 02/05/2026

El superávit comercial que no sirve para desarrollar Argentina

Los datos de comercio exterior del primer trimestre muestran una mejora que encubre una regresión estructural. Argentina vende granos, petróleo y oro. E importa máquinas que ya no usa porque no produce lo suficiente para necesitarlas.

Hay números que mienten por omisión. El dato de comercio exterior del primer trimestre de 2026, publicado el 29 de abril por el INDEC, es uno de ellos. Exportaciones por USD 21.853 millones, importaciones por USD 16.345 millones, superávit de USD 5.508 millones. Interanual, las exportaciones crecieron 16,9% y las importaciones cayeron 7,3%. El balance mejoró casi cinco veces respecto al mismo período de 2025, cuando el superávit era apenas USD 1.061 millones.

Celebrar ese número sin leer lo que hay adentro es como felicitar a un paciente por haber bajado de peso sin preguntar si bajó grasa o músculo.

La estructura que no cambia

Las exportaciones argentinas del primer trimestre de 2026 son, en su composición, las mismas de hace treinta años. Productos vegetales representan el 24% del total. Minerales, el 12%. Alimentos y bebidas, el 12%. Grasas y aceites animales o vegetales, el 9%. En conjunto, esas cuatro categorías —todas commodities primarias o semiprocesadas— concentran el 57% de lo que Argentina le vende al mundo. Si se suma el rubro de metales preciosos —que incluye el oro que creció 65,2% y ya representa el 7% de las exportaciones— el país está explicando casi dos tercios de sus ventas externas con recursos naturales en distintos grados de elaboración.

Los cinco principales productos exportados del trimestre lo dicen sin eufemismos: trigo, harina de soja, maíz, oro y petróleo crudo. No hay una manufactura de origen industrial que aparezca en el podio. No hay una sola línea en ese ranking que refleje complejidad productiva, encadenamiento industrial o valor agregado tecnológico. Es la canasta exportadora de un país que extrae y embarca, no de uno que transforma y escala.

Esto no es una opinión ideológica. Es una descripción de la realidad que el propio INDEC certifica con sus tablas de nomenclador arancelario.

El problema está en las importaciones

Si el perfil exportador preocupa, el perfil importador debería alarmar. Las importaciones cayeron 7,3% interanual en valor, lo cual se presenta como una señal de corrección de desequilibrios. Pero la composición de esa caída revela algo muy distinto a un proceso de sustitución de importaciones o de mayor eficiencia productiva.

Las máquinas, instrumentos y otros aparatos eléctricos —categoría XVI del Sistema Armonizado— representan el 27% de las importaciones totales. El equipamiento de transporte, el 18%. Los productos químicos, el 16%. En conjunto, casi el 61% de lo que Argentina importa son bienes de capital, insumos industriales y medicamentos. No bienes de lujo, no electrónica de consumo superflua. Bienes que una economía necesita para producir.

Y esas importaciones de capital caen. La sección de máquinas e instrumentos bajó 19% interanual. Las importaciones de plásticos y caucho —insumos intermedios industriales— cayeron 25%. Las de equipamiento eléctrico y electrónico, 28,5%. La pregunta que el superávit comercial no responde es ésta: ¿por qué caen las importaciones de capital en una economía que se supone está creciendo? La respuesta tiene una sola dirección posible: porque la demanda de insumos para producir es menor, porque la capacidad instalada que necesita esos insumos está ociosa, porque la industria que los consumiría no está operando a plena potencia.

El superávit no refleja una economía que produce más con menos. Refleja una economía que importa menos porque fabrica menos.

China: el dato que nadie discute

Hay un número en el informe del INDEC que merece atención particular y que el debate público ha ignorado casi por completo. Las exportaciones a China crecieron 86% interanual en el primer trimestre de 2026, hasta los USD 1.770 millones. Al mismo tiempo, las importaciones desde China cayeron 8,9%, pero siguen siendo el primer origen de compras externas con el 24% del total y USD 3.969 millones en el trimestre.

El balance con China es un déficit de USD 2.198 millones en apenas tres meses. Es el mayor desequilibrio bilateral de toda la tabla por área económica, y casi duplica el déficit que había un año atrás. ¿Qué le vendemos a China? Básicamente granos, aceites y minerales. ¿Qué nos vende China? Máquinas, electrónica, insumos industriales y vehículos. Es la división internacional del trabajo más clásica y más desfavorable para un país que aspira a industrializarse: materias primas por manufacturas, commodities por complejidad.

La relación con China no es un problema en sí misma. El problema es que esa relación expresa, con toda su crudeza, la posición estructural de Argentina en el comercio mundial. Y esa posición no está mejorando; se está consolidando.

El Mercosur se cae del mapa

Otro dato que incomoda es la performance con el bloque regional. Las exportaciones a Mercosur cayeron 1,5% interanual, con Brasil como destino principal bajando 4,3%. Las importaciones desde Mercosur cayeron 8,5%, con Brasil en un retroceso de 16,5%. El intercambio bilateral con el principal socio comercial regional se contrae en ambas direcciones.

Esto tampoco es una señal benigna. El comercio intrarregional es, históricamente, el espacio donde los países intercambian manufacturas de mayor complejidad relativa que las que colocan en mercados extrarregionales. Cuando ese comercio cae, generalmente está cayendo el eslabón industrial de la cadena, no el agroindustrial. Y los números lo confirman: la caída de exportaciones argentinas a Brasil se concentra en el sector automotriz y de maquinaria, no en granos ni en energía.

Superávit de commodities, déficit de futuro

El resultado del primer trimestre de 2026 es fiscalmente conveniente, financieramente presentable y desde el punto de vista del desarrollo preocupante. Un superávit de USD 5.508 millones generado por la cosecha gruesa, el boom del oro y la caída de importaciones por contracción industrial no es la base sobre la que se construye una economía de mediano ingreso con capacidad de complejización productiva.

Es la contracara exacta de lo que Prebisch diagnosticó hace setenta años: el deterioro de los términos del intercambio estructural no opera siempre por la vía de los precios. A veces opera por la vía de la composición. Un país que vende cada vez más de lo mismo —y que importa cada vez menos máquinas porque tiene cada vez menos industria para alimentar— no está ganando posición en el comercio mundial. Está ratificando su lugar en el escalón más bajo de la división internacional del trabajo.

El número del INDEC es real. El problema es lo que ese número no dice: que Argentina exportó granos récord en el primer trimestre de 2026, y que las máquinas que necesitaría para hacer algo distinto con ellos, cada vez las compra menos.

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