Putin admite fallos de inteligencia y redefine la estrategia rusa tras reveses en Siria y Moscú


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El presidente Vladimir Putin reconoció este jueves debilidades significativas en los servicios de inteligencia rusos durante su tradicional conferencia de prensa anual, marcada por dos acontecimientos que han sacudido la estabilidad del Kremlin: el asesinato de un alto general en Moscú y la sorpresiva caída del régimen sirio de Bashar al-Assad.
En un inusual ejercicio de autocrítica, el mandatario ruso admitió deficiencias en el sistema de seguridad que permitieron el atentado contra el general Igor Kirilov, jefe de la unidad de armas químicas del ejército. El incidente, reivindicado por el servicio de seguridad ucraniano como una "operación especial", representa el ataque más significativo contra un alto mando militar ruso desde el inicio del conflicto en Ucrania.
Respecto a la situación en Siria, Putin intentó minimizar el impacto del derrocamiento de al-Assad, argumentando que la intervención militar rusa iniciada en 2015 había alcanzado su objetivo primordial: evitar la creación de un enclave terrorista similar al de Afganistán. El líder sirio, quien buscó refugio en Rusia tras una ofensiva rebelde encabezada por el grupo Hayat Tahrir al-Sham, aún no se ha reunido con Putin desde su llegada a Moscú a principios de mes.

En el frente ucraniano, Putin mostró una aparente apertura al diálogo, aunque bajo condiciones específicas. Manifestó su disposición para mantener conversaciones "sin condiciones previas", pero insistió en que estas deberían basarse en los acuerdos de Estambul de 2022 y la realidad actual del terreno. Sin embargo, cuestionó la legitimidad del gobierno de Volodimir Zelensky, sugiriendo que cualquier acuerdo requeriría nuevas elecciones en Ucrania.
La conferencia también abordó las relaciones con Estados Unidos, particularmente ante el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. Putin expresó su disposición para reunirse "en cualquier momento" con el presidente electo estadounidense, con quien no ha mantenido contacto directo en más de cuatro años. Esta apertura coincide con los recientes llamados de Trump para buscar una solución negociada al conflicto ucraniano.
El líder ruso proyectó optimismo sobre el desarrollo de las operaciones militares en Ucrania, asegurando que la situación evoluciona favorablemente para las fuerzas rusas. No obstante, estos comentarios contrastan con los recientes reveses estratégicos, incluyendo el atentado en Moscú y la pérdida de influencia en Siria, que sugieren vulnerabilidades significativas en el aparato de seguridad ruso.
La conferencia de prensa anual de Putin, tradicionalmente un ejercicio de demostración de fortaleza, se transformó en esta ocasión en un reconocimiento implícito de los desafíos que enfrenta el Kremlin, tanto en el ámbito doméstico como en su proyección internacional. La admisión de fallos en los servicios de inteligencia y la necesidad de replantear estrategias sugiere un momento de reflexión en la cúpula del poder ruso.




