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Economía bimonetaria: los argentinos compraron USD 8.100 millones en un trimestre pese al carry trade más rentable de la década

Mientras el BCRA acumula reservas con una mano, los particulares drenan divisas con la otra. Los datos del balance cambiario del primer trimestre de 2026 revelan una demanda de dólares que duplica los niveles considerados sostenibles y que pone en tensión la arquitectura cambiaria del gobierno de Milei.
Economía26/04/2026 Redacción 13News

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La Argentina del subdesarrollo es una economía bimonetaria, con el peso demandado para transacciones menores y el dólar como moneda para operaciones de magnitud y atesoramiento. Los datos del Balance Cambiario que el Banco Central publicó esta semana lo confirman con una contundencia que debería encender alarmas en el equipo económico. Las personas humanas compraron USD 8.100 millones en el primer trimestre de 2026. Para dimensionar la magnitud: equivale a más de lo que Argentina recibe por exportaciones de carne vacuna en todo un año.

La cifra no es un accidente ni una anomalía estadística. Es la expresión cambiaria de una desconfianza estructural que el programa de Milei no logra desarmar a pesar de la estabilidad nominal del tipo de cambio. En enero, las compras netas de billetes y divisas sin fines específicos alcanzaron USD 2.730 millones, uno de los registros más altos para ese mes en la última década. En marzo la cifra se ubicó en USD 2.208 millones, con una desaceleración respecto de febrero pero manteniéndose por encima de los USD 2.000 millones mensuales.

El desglose que ofrece el BCRA para marzo ilustra la composición de esta demanda. Las personas humanas realizaron compras netas por USD 2.470 millones, explicadas por gastos corrientes de USD 1.300 millones, unos USD 600 millones destinados a ahorro en cuentas locales en moneda extranjera y USD 100 millones a formación de activos externos. Es decir, la demanda no proviene solo del atesoramiento clásico: incluye un componente creciente de consumo dolarizado —viajes, compras internacionales, suscripciones— que refleja un tipo de cambio real que el propio mercado percibe como artificialmente bajo.

La paradoja es notable. En los primeros cuatro meses del año, las inversiones en pesos dejaron una ganancia cercana al 20% medida en dólares, especialmente los bonos Boncer. En el mismo período, el dólar cayó 5,1% en términos nominales. Es decir, apostar contra el dólar fue extraordinariamente rentable. Y sin embargo, la demanda no aflojó. Los argentinos siguen comprando dólares incluso cuando pierden plata haciéndolo. Eso no es irracionalidad: es memoria inflacionaria codificada en el ADN financiero de una sociedad que aprendió, a lo largo de décadas, que ninguna estabilidad cambiaria es permanente.

Del otro lado del mostrador, el BCRA exhibe números que el gobierno celebra. Entre el 31 de diciembre de 2025 y el 31 de marzo de 2026, la entidad adquirió USD 4.382 millones a través del mercado de cambios. En lo que va de 2026, el saldo comprador ya superó los USD 6.000 millones, equivalentes al 60% de la meta anual acordada con el FMI. El ritmo de compras es históricamente alto. Pero la lectura requiere matices que el relato oficial prefiere omitir.

El Tesoro absorbió USD 3.659 millones para afrontar vencimientos de deuda, lo que dejó prácticamente sin cambios la acumulación neta de reservas en el primer trimestre. El BCRA compra con una mano, y el Tesoro retira con la otra para pagar deuda en dólares. Es una calesita de divisas que infla las cifras brutas pero no mejora la posición neta. Las reservas netas se ubicaron en torno a USD -1.700 millones —aún negativas—, mejorando desde los USD -13.000 millones de abril de 2025 pero todavía en terreno deficitario.

El cuadro se completa con los datos de balance de pagos que publica el INDEC. El año 2025 cerró con un déficit de cuenta corriente de USD 7.582 millones, equivalente al 1,1% del PBI. En el primer trimestre de 2025 —último dato disponible de balanza de pagos del INDEC—, la cuenta corriente registró un déficit de USD 5.191 millones, explicado por un rojo en servicios de USD 4.502 millones y en ingreso primario de USD 3.333 millones. Las estimaciones preliminares para 2026 sugieren que la cuenta corriente permanecería casi equilibrada, lo que modera la alarma de corto plazo pero no resuelve el problema de fondo.

El problema de fondo es estructural. La economía argentina genera dólares comerciales suficientes para financiar sus importaciones. Pero no genera la confianza suficiente para que los argentinos dejen de drenar esas divisas hacia el atesoramiento privado. El gobierno endureció los controles para evitar arbitrajes entre el dólar oficial y los financieros, extendiendo el alcance de la restricción cruzada. Es decir, mientras el discurso oficial habla de libertad cambiaria, la práctica sigue dependiendo de restricciones administrativas para contener una demanda que el modelo no logra domesticar por la vía genuina: la de generar condiciones para que el ahorro se quede en pesos por convicción y no por prohibición.

Desde una perspectiva desarrollista, el fenómeno tiene una lectura precisa. La dolarización de portafolios no es un capricho cultural: es la respuesta racional de agentes económicos que operan en un país sin moneda creíble de largo plazo, sin instrumentos de ahorro en pesos con rendimiento real sostenible y sin un horizonte de política económica que trascienda el ciclo electoral. Los USD 8.100 millones que los argentinos sacaron del circuito productivo en un trimestre para convertirlos en billetes verdes son recursos que no financiaron inversión, no generaron empleo y no ampliaron la capacidad instalada. Son ahorro esterilizado por la desconfianza.

La solución no pasa por profundizar el cepo ni por celebrar la apreciación cambiaria como si fuera un logro. Pasa por construir las condiciones institucionales —moneda sólida con respaldo productivo, instrumentos de ahorro indexados con credibilidad, política cambiaria compatible con la competitividad exportadora, un programa de desarrollo que le dé al peso una función que el dólar no pueda cumplir— que conviertan la dolarización en una opción entre otras y no en la única estrategia racional de supervivencia financiera.

Mientras eso no ocurra, los argentinos seguirán comprando dólares. Incluso cuando pierdan plata haciéndolo.

Redacción 13News

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