
Dólar a $1.398 con 15% de inflación acumulada: la apreciación que está liquidando a la industria argentina


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Hay un número que el gobierno de Milei prefiere no mencionar. No es la inflación de marzo, que el propio presidente calificó de "muy mala". No es la caída del empleo industrial. Es un índice que el Banco Central publica todos los días con la discreción de un dato técnico que pocos miran pero que condensa, en una sola cifra, el estado de la competitividad argentina: el ITCRM, Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral. Hoy marca 84,59 puntos. Y ese número es un diagnóstico.

El ITCRM había cerrado 2025 en 94,30 puntos. Hoy se ubica en torno a 84, lo que implica una caída superior al 10% en menos de cuatro meses. En diciembre de 2023, tras la devaluación inicial de Milei, el indicador había tocado los 162 puntos. Hoy está en la mitad. Argentina destruyó en poco más de dos años toda la competitividad cambiaria que la corrección de diciembre de 2023 había generado.
¿Qué significa un ITCRM de 84,59 en perspectiva histórica? Durante la convertibilidad, entre 1998 y 2001, el indicador se movió entre 68 y 82 puntos, tocando un mínimo de 68 a fines de 2001. El valor actual está por encima de aquel piso extremo, pero la comparación con la convertibilidad no es la única relevante. Después de la salida del "uno a uno", el ITCRM se disparó a niveles de 150-200 puntos en 2002-2007, para iniciar luego un descenso gradual impulsado por la inflación crónica que se comía la competitividad ganada con la megadevaluación.
El índice volvió a visitar la zona de 84-85 puntos en dos momentos clave de la historia reciente, y ninguno terminó bien. El nivel actual prácticamente iguala el mínimo de la gestión Macri alcanzado en abril de 2017, cuando la combinación de tipo de cambio planchado e inflación persistente generó las condiciones que, un año después, estallaron en la crisis cambiaria de 2018, con el dólar saltando de $20 a $40 en semanas y el BCRA pidiendo auxilio al FMI. También se ubicó en registros similares hacia fines del cepo kirchnerista en 2015, justo antes de que la acumulación de distorsiones forzara la devaluación de diciembre de aquel año.
El patrón es inquietante: cada vez que el ITCRM visitó la zona de 80-85 puntos en la era post-convertibilidad, lo que siguió fue una corrección cambiaria. No siempre abrupta, no siempre inmediata, pero siempre inevitable.
La aritmética que explica la caída actual del índice es elemental. El dólar mayorista cerró la última rueda a $1.398, prácticamente el mismo valor que en noviembre de 2025. Desde entonces, la inflación minorista acumuló 15,1%. El tipo de cambio se planchó; los precios, no. Según Quantum Finanzas, el tipo de cambio real acumula una apreciación de 12,2% en lo que va del año.
Frente a las principales monedas del mundo, el peso argentino lidera un ranking que ningún sector productivo quiere encabezar: la apreciación real alcanza el 17,2% frente a India, 15,7% frente a Japón, 13,5% frente a la Zona Euro, 14% frente a Uruguay y 12,7% frente al dólar estadounidense. El dato bilateral con Brasil —que pondera 32% en el ITCRM— muestra una apreciación del 3,1%, la más moderada pero igualmente corrosiva para la manufactura que compite con el principal socio del Mercosur.
Un informe del Banco Provincia advierte que Argentina transita un proceso atípico de apreciación cambiaria con caída simultánea del salario real, en el que los salarios habrían perdido más del 6% de poder adquisitivo. La combinación es anómala: el país se encarece para el mundo y se empobrece para adentro. La aceleración inflacionaria, que pasó de la zona del 2% mensual a mediados de 2025 al 3% actual, resultó más determinante que la apreciación cambiaria para la erosión del poder adquisitivo.
El presidente Milei ha rechazado las críticas sobre el alejamiento del tipo de cambio respecto de un valor de equilibrio, argumentando que para conocer el vector de precios de equilibrio habría que conocer las preferencias de los agentes, la tecnología y las dotaciones. El argumento es teóricamente sofisticado y prácticamente irrelevante: los empresarios que despiden trabajadores porque no pueden competir con el producto importado no necesitan resolver un modelo de equilibrio general para saber que el tipo de cambio los está fundiendo.
El Banco Provincia advierte que la sostenibilidad del proceso dependerá de la cuenta capital, con pagos de deuda en moneda extranjera por USD 17.500 millones en los próximos doce meses. El consenso de consultoras proyecta el dólar mayorista en torno a $1.729 para diciembre de 2026, con una suba anual del 19% frente a una inflación esperada del 25%. El mercado descuenta que la apreciación real continuará, hundiendo el ITCRM más allá de los niveles que ya son críticos.
Desde una perspectiva desarrollista, el ITCRM en 84,59 es el síntoma de un modelo que usa el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria sin los complementos que harían sostenible esa estrategia: sin política industrial que mejore productividad para compensar la apreciación, sin inversión en infraestructura que reduzca costos logísticos, sin instrumentos que canalicen el ahorro hacia la producción en lugar de la dolarización de portafolios que drena USD 8.100 millones por trimestre del circuito productivo.
El promedio del ITCRM desde la salida de la convertibilidad fue de 129,3 puntos. Hoy estamos en 84,59. La distancia con ese promedio histórico —que fue el nivel en torno al cual Argentina creó empleo industrial, generó superávit comercial y acumuló reservas genuinas— es del 35%. No es un desvío menor: es un abismo de competitividad que ningún discurso sobre "equilibrio virtuoso" puede cerrar.
La historia argentina enseña, con la pedagogía brutal de las crisis, que los procesos de apreciación cambiaria sostenida que no se apoyan en ganancias genuinas de productividad no terminan en aterrizajes suaves. Terminan en turbulencia. El ITCRM del BCRA no opina. Mide. Y lo que mide es que Argentina, a velocidad creciente, se está poniendo un precio que su estructura productiva no puede pagar.
Gustavo Rodolfo Reija / @gustavoreija


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