Superávit comercial argentino cae 74% en 2025 pese a récord de junio
El intercambio comercial externo de Argentina presentó durante el primer semestre de 2025 una paradoja que refleja las tensiones estructurales de la economía nacional. Mientras junio registró el mayor excedente mensual del año con 906 millones de dólares, consolidando 19 meses consecutivos de resultados favorables, el balance acumulado del período enero-junio experimentó una contracción dramática del 74% respecto al mismo lapso de 2024.
Esta aparente contradicción entre el desempeño mensual positivo y la tendencia semestral descendente expone las complejidades del proceso de normalización económica que atraviesa el país. El superávit acumulado de apenas 2.788 millones de dólares contrasta notablemente con los 10.742 millones alcanzados en el primer semestre del ejercicio anterior, según datos procesados por el Instituto de Estrategia Internacional en colaboración con la Cámara de Exportaciones.
La dinámica comercial revela que el deterioro del saldo favorable no proviene de una debilidad exportadora, sino del vigoroso crecimiento de las compras externas. Las ventas al mundo aumentaron moderadamente un 4% en el semestre, mientras las adquisiciones foráneas se dispararon un 34,6% interanual, reflejando una reactivación del consumo interno y la demanda empresarial que presiona sobre el equilibrio de divisas.
El comportamiento exportador de junio mostró signos alentadores con ventas por 7.275 millones de dólares, representando un incremento del 10,8% respecto al mismo mes de 2024. Este crecimiento se sustentó exclusivamente en el aumento del 11,2% en los volúmenes despachados, compensando una leve reducción del 0,4% en los precios promedio que evidencia la persistente presión deflacionaria en los mercados internacionales de commodities.
El sector energético lideró el dinamismo exportador con un desempeño excepcional que duplicó los volúmenes comercializados, registrando un incremento del 110,5% en cantidades pese a enfrentar una significativa caída de precios del 17,2%. Esta evolución refleja el éxito de las políticas de liberalización del sector hidrocarburífero, particularmente en Vaca Muerta, que ha comenzado a materializar su potencial productivo en divisas genuinas.
Las manufacturas industriales también exhibieron un comportamiento robusto con alzas del 12,9% en valor, impulsadas por mejoras del 8,5% en las cotizaciones internacionales y un crecimiento del 4% en los volúmenes. Este segmento, tradicionalmente castigado por la competencia externa, mostró señales de recuperación competitiva que podrían consolidarse con la continuidad de las reformas estructurales en curso.
La composición de las principales exportaciones mantuvo el sesgo tradicional hacia productos primarios y manufacturas básicas. La harina y pellets de soja encabezaron las ventas con 753 millones de dólares, seguidos por petróleo con 739 millones, maíz en grano con 647 millones y aceite de soja en bruto con 478 millones. Esta estructura confirma la persistente dependencia de bienes con limitado valor agregado, desafío estructural que requiere atención estratégica a mediano plazo.
El panorama importador presentó una dinámica más compleja, con compras por 6.370 millones de dólares en junio, equivalentes a un salto del 35,9% en valor. La expansión se explicó primordialmente por el notable crecimiento del 53,2% en las cantidades adquiridas, mientras los precios promedio retrocedieron un 11%, sugiriendo una recomposición favorable de los términos de intercambio para las compras externas.
La estructura de las importaciones por destino económico reveló una reactivación generalizada de la demanda interna. Los vehículos automotores lideraron el crecimiento con aumentos del 269,9% en volumen, seguidos por bienes de capital con incrementos del 98,3% y bienes de consumo con alzas del 85,8%. Esta evolución confirma tanto la recuperación del poder adquisitivo familiar como el fortalecimiento de la inversión empresarial.
Las compras de bienes de capital, con valores por 1.217 millones de dólares y crecimientos del 100,7%, señalan una reactivación de los planes de inversión productiva que habían permanecido postergados durante la crisis. Este indicador constituye una métrica relevante para evaluar las expectativas empresariales y el potencial de crecimiento futuro de la economía.
Los bienes de consumo, con importaciones por 893 millones y expansión del 90,9%, reflejan la mejora de las condiciones sociales y el gradual restablecimiento de la confianza del consumidor. El segmento de vehículos de pasajeros, con compras por 509 millones y aumentos del 248,5%, evidencia la recuperación de segmentos de ingresos medios y altos que habían reducido drásticamente sus gastos durante la crisis.
La geografía comercial experimentó modificaciones significativas durante el semestre. Entre los destinos exportadores, India lideró el crecimiento con aumentos del 52,1%, seguida por Estados Unidos con 17,6% y Chile con 14,1%. Estas evoluciones sugieren una diversificación gradual de mercados que reduce la dependencia de socios tradicionales.
En el frente importador, China consolidó su posición como principal proveedor con incrementos del 79,4%, seguida por Brasil con 49,9% y Chile con 54,2%. Esta dinámica refleja tanto la reactivación de la demanda interna como la competitividad de los productos asiáticos y regionales en el mercado local.
Los balances bilaterales presentaron resultados contrastantes que exponen vulnerabilidades estructurales. El déficit con China alcanzó 5.227 millones de dólares, mientras con Brasil el rojo sumó 3.299 millones. La Unión Europea también registró un saldo negativo de 1.642 millones. En contraste, Chile generó un superávit favorable de 2.804 millones, principalmente explicado por exportaciones energéticas.
Las implicaciones de estos resultados trascienden el ámbito comercial inmediato. El crecimiento acelerado de las importaciones, aunque refleja signos positivos de recuperación económica, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del equilibrio externo en un contexto de reservas internacionales limitadas y acceso restringido a financiamiento internacional.
La evolución comercial del primer semestre ilustra las tensiones inherentes al proceso de estabilización económica. Mientras la reactivación de la demanda interna genera señales alentadoras sobre la recuperación del nivel de actividad, simultáneamente presiona sobre el balance externo que constituye una restricción estructural para el crecimiento sostenido.
La continuidad del superávit comercial, pese a su reducción, mantiene un flujo positivo de divisas que resulta crucial para la acumulación de reservas internacionales. Sin embargo, la tendencia decreciente del saldo favorable requiere monitoreo cuidadoso para evitar que se convierta en una limitante para las políticas de normalización cambiaria y monetary en desarrollo.
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