Los acuerdos entre OpenAI y los medios de comunicación: ¿salvavidas o bomba de relojería?


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La empresa creadora de ChatGPT, OpenAI, ha estado llegando a acuerdos millonarios con una gran cantidad de medios de comunicación, generando debate sobre las implicaciones a largo plazo de estos pactos. Mientras algunos ven estos acuerdos como un salvavidas financiero para los medios en dificultades, otros los consideran una repetición de los errores del pasado que podrían tener consecuencias nefastas.
Los acuerdos, que involucran a medios como Vox Media, Axel Springer, News Corp., The Atlantic y Prisa en España, siguen un patrón similar. OpenAI ofrece millones de dólares a lo largo de varios años, además de créditos para ayudar a los medios a construir y operar sus propios productos utilizando el software de la empresa de IA. A cambio, OpenAI obtiene derechos para utilizar prácticamente todo el contenido publicado por estos medios.
Críticos como Jessica Lessin, fundadora y directora del medio de noticias tecnológicas The Information, advierten que estos acuerdos son una repetición de los desesperados pactos que los grupos de medios han firmado con las grandes tecnológicas en el pasado. Lessin argumenta que, en busca de distribución y dinero del sector tecnológico, las empresas de noticias hacen concesiones a plataformas que intentan captar toda la audiencia y la confianza que atrae el periodismo, sin tener que hacer el complicado y costoso trabajo periodístico.

Sin embargo, los editores de medios involucrados en estos acuerdos afirman tener los ojos bien abiertos y haber aprendido de experiencias pasadas. Según ellos, a diferencia de acuerdos anteriores con empresas como Google, Apple y Facebook, los pactos con OpenAI no requieren que los medios cambien su forma de trabajar o creen contenido a medida. En su lugar, se trata de acuerdos de licencia sencillos para contenido que ya se está produciendo, lo que significa que, al final de estos acuerdos, los medios no tendrán que arrepentirse de haber invertido en otro proyecto extinto de big tech.
Otro punto de debate es si los medios están vendiendo sus productos demasiado pronto o por muy poco, sin saber el valor real de esos contenidos a largo plazo. Algunos cuestionan por qué no esperar y ver cómo se desarrollan las demandas de otros medios, como The New York Times, contra OpenAI y Microsoft por usar sus datos. Los editores responden que no quieren o no pueden esperar, ya que los resultados de estos litigios son inciertos y, mientras tanto, pueden cerrar acuerdos similares con otras grandes empresas tecnológicas.
Lo que más preocupa a algunos observadores es la posibilidad de que estos acuerdos sean una repetición de los pactos que las grandes productoras hicieron con Netflix a principios de la década de 2010. En aquel entonces, las cadenas de televisión y estudios de cine vendieron con entusiasmo sus títulos antiguos a Netflix, sin darse cuenta de que estaban ayudando a la plataforma de streaming a construir una versión mucho mejor de su propio negocio. Como resultado, muchos consumidores dejaron de ver series en las cadenas normales y optaron por esperar a verlas en Netflix, sin publicidad y cuando quisieran.
El temor es que algo similar pueda ocurrir con los acuerdos entre los medios y OpenAI. Si los consumidores se acostumbran a obtener respuestas de ChatGPT u otros motores de inteligencia artificial, podrían dejar de visitar los sitios que generaron esas respuestas. Algunos editores creen que esto no sucederá, ya que los usuarios seguirán valorando el contenido original y útil que producen. Sin embargo, otros adoptan una postura más realista y deprimente, reconociendo que OpenAI y otras empresas de IA ya han rastreado e ingerido el contenido de los medios para entrenar sus modelos, y que ahora solo queda aceptar esa realidad e intentar llegar al mejor acuerdo posible.
En conclusión, los acuerdos entre OpenAI y los medios de comunicación plantean una serie de interrogantes y desafíos para el futuro del periodismo. Si bien estos pactos pueden proporcionar un alivio financiero a corto plazo para los medios en dificultades, también conllevan el riesgo de erosionar su posición a largo plazo y hacerlos dependientes de las grandes empresas tecnológicas. Será crucial que los medios de comunicación evalúen cuidadosamente las implicaciones de estos acuerdos y busquen formas de adaptarse a la era de la inteligencia artificial sin comprometer su integridad y su capacidad para generar contenido original y de calidad. Solo el tiempo dirá si estos acuerdos resultan ser un salvavidas o una bomba de relojería para el futuro de los medios.
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