La motosierra bajó el déficit a cero. El riesgo país sigue en 634 puntos. Uruguay nunca tuvo motosierra y opera en 86.


La Newsletter de Gustavo Reija - Economista y CEO de NETIA GROUP
4 informes exclusivos cada mes, con el análisis de las tendencias macroeconómicas y políticas con perspectivas sobre mercados financieros y su impacto en la industria. Recomendaciones estratégicas para inversores y empresarios.
Suscripción con MERCADOPAGO
El número y su contexto: una brecha que no es casual
El riesgo país de Argentina saltó 56 unidades en la semana hasta los 634 puntos básicos, el mayor nivel de 2026 y desde comienzos de diciembre del año pasado. El dato es impactante en su dimensión absoluta. Lo es aún más en perspectiva comparada.
Al cierre de febrero de 2026, el ranking latinoamericano mostraba una fotografía inequívoca: Uruguay en 77 puntos, Chile en 95, Paraguay en 118, Brasil en 199, México en 226, Colombia en 294. Argentina, con 576 unidades, solo superada en la región por Venezuela.


La distancia entre Argentina y el promedio regional no es una perturbación transitoria corregible con una buena cosecha o un trimestre de superávit fiscal. Es la expresión cuantificada de un conjunto de problemas estructurales que se acumulan hace décadas y que el programa económico actual resuelve solo en parte. Entender cuáles son esos problemas —y cuáles no están en agenda— es la diferencia entre leer el EMBI como un termómetro y usarlo como instrumento de diagnóstico.
Factor 1: la historia de defaults como hipoteca permanente sobre el spread
Argentina acumula nueve defaults soberanos desde su independencia. El último, en 2020, fue el octavo en un siglo. Cada episodio de cesación de pagos deposita en la memoria institucional de los mercados internacionales una prima de riesgo que no desaparece con un cambio de gobierno ni con tres años de superávit fiscal. Los inversores que operan bonos soberanos argentinos en Wall Street no analizan solo el flujo de caja presente: incorporan en su función de valuación la probabilidad de que el patrón histórico se repita.
Un informe de GMA Capital sintetizó con precisión el mecanismo: "A estos umbrales de tasa, por encima del 10% anual en dólares, la deuda enfrenta un problema de dinámica: quedan vencimientos por aproximadamente USD 30.000 millones con privados y FMI hacia 2027. Sin acceso claro al mercado, cada baja en rendimientos aumenta el incentivo a emitir." Es la trampa del endeudamiento serial: el spread alto encarece el refinanciamiento, el refinanciamiento caro eleva la probabilidad de default percibida, y esa percepción mantiene el spread elevado. Círculo vicioso con historia.
Factor 2: reservas internacionales insuficientes como amplificador de shocks
Wells Fargo ubica a Argentina entre los países emergentes más vulnerables ante shocks geopolíticos, señalando que "los países que dependen del financiamiento externo, con perfiles de deuda soberana adversos y reservas internacionales inadecuadas, son los más vulnerables".
El nivel de reservas netas del BCRA —descontados los swaps con China, los encajes en dólares y los compromisos con organismos internacionales— permanece en terreno acotado pese a las compras acumuladas en el primer trimestre. La diferencia con Uruguay o Chile no es solo de escala: es de arquitectura. Ambos países construyeron en las últimas dos décadas colchones de liquidez internacional que les permiten absorber shocks externos sin que el spread soberano amplíe de manera desproporcionada. Argentina no tiene ese colchón. Por eso, cuando el mundo ajusta, los activos locales amplifican la tendencia: "la beta juega en contra", como señaló el mismo informe de GMA Capital.
Factor 3: el cepo cambiario como señal de fragilidad percibida
La persistencia de restricciones cambiarias —aun en su versión parcial post-abril 2025— es leída por los mercados internacionales como una señal inequívoca de vulnerabilidad en el balance de pagos. Un país que no puede levantar los controles sobre el movimiento de capitales es, en la lectura del inversor externo, un país que teme lo que ocurriría sin ellos. Esa percepción tiene precio: se mide en puntos básicos de spread.
Los países con spreads más bajos de la región —Chile con 90 puntos, Uruguay con 71— operan con plena libertad de movimiento de capitales hace décadas. No es coincidencia: la convertibilidad del capital es condición necesaria, aunque no suficiente, para que el mercado internalice la sostenibilidad del programa macroeconómico. Argentina no cumple esa condición todavía.
Factor 4: la estructura productiva que genera restricción externa recurrente
Aquí reside el problema más profundo y el menos abordado por el análisis financiero convencional. El riesgo país no es solo función de las variables financieras: es también función de la capacidad estructural de la economía para generar las divisas necesarias para honrar sus compromisos externos sin depender permanentemente de condiciones favorables de commodities o de financiamiento internacional voluntario.
Argentina exporta fundamentalmente lo que la naturaleza provee —soja, maíz, litio, petróleo— e importa lo que la industria produce con mayor complejidad tecnológica. Esa asimetría genera una restricción externa estructural que se activa cada vez que los precios de los commodities bajan, la tasa de interés global sube, o el tipo de cambio real se aprecia. Morgan Stanley señala que Argentina es uno de los países más expuestos al traspaso inflacionario de shocks de commodities energéticos. La exposición no es solo inflacionaria: es de balance de pagos, y el mercado la cotiza en el spread soberano.
Brasil opera con un EMBI de 199 puntos no solo porque tiene superávit fiscal primario: tiene una industria manufacturera diversificada, un sector exportador con alta complejidad tecnológica relativa, y una banca de desarrollo —el BNDES— que ha financiado durante décadas la transformación productiva que reduce la dependencia de divisas volátiles. Chile tiene 97 puntos porque construyó un fondo soberano con renta del cobre y una institucionalidad fiscal que sobrevive los ciclos políticos. Uruguay tiene 86 porque diversificó su canasta exportadora hacia servicios de alto valor agregado y construyó credibilidad institucional en cuatro décadas consecutivas sin default.
Factor 5: la incertidumbre electoral 2027 como prima anticipada
Aunque el EMBI argentino disminuyó de manera significativa desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, Argentina todavía permanece alejado de los niveles más bajos de la región. La compresión post-electoral fue real: desde los 1.456 puntos de septiembre de 2025 hasta el mínimo de 482 puntos de enero de 2026 hay un recorrido extraordinario. Pero el piso al que llegó ese proceso de compresión —casi 500 puntos en el mejor momento del año— es en sí mismo revelador de cuánto escepticismo estructural persiste en los mercados respecto a la sostenibilidad del programa más allá del ciclo político actual.
El Bonar 2028 pagó en las últimas colocaciones un rendimiento de 8,5% anual, mientras el mismo bono con vencimiento un año antes rinde por debajo del 6%. Esa prima de un año y medio tiene nombre: incertidumbre electoral 2027 y riesgo de reversión de política económica. El mercado no solo evalúa el programa actual; evalúa la probabilidad de que continúe.
Lo que el programa resuelve y lo que no alcanza
El programa económico en curso resuelve con notable disciplina técnica los desequilibrios nominales: fiscal, monetario, cambiario. Son condiciones necesarias para que el spread comprima. No son suficientes para que converja hacia los niveles de Brasil, menos aún de Chile o Uruguay.
La convergencia real requiere lo que esos países construyeron en décadas: institucionalidad fiscal que sobrevive los ciclos políticos, diversificación productiva que reduce la dependencia de divisas volátiles, y un historial de cumplimiento de compromisos externos que borre progresivamente la prima de default de la memoria institucional de los mercados.
Ninguna de esas tres condiciones se construye en un trimestre de superávit fiscal. Todas requieren arquitectura institucional deliberada, horizonte de política pública que trascienda el ciclo electoral, y —centralmente— una estrategia de desarrollo productivo que la agenda actual todavía no tiene.
El EMBI argentino en 634 puntos no es solo el precio del pasado. Es también el precio de la segunda fase que todavía no comenzó.
Redacción 13News

Inflación de marzo 2026: diez meses sin desacelerar, naftas como variable exógena y el alivio en alimentos que no alcanza para cambiar el diagnóstico estructural
Encajes, remonetización y trampa estructural: lo que el BCRA resuelve y lo que la Argentina del desarrollo todavía no tiene
Superávit fiscal con industria al 53%: la trampa que le impide a Argentina pasar del 3% mensual al 3% anual de inflación y que Israel, Brasil y Chile resolvieron con política productiva
Argentina ahorró USD 16.100 millones con el fallo YPF pero no tiene política industrial: industria en mínimo de 90 años y 22.608 empresas cerradas desde 2023
Fallo YPF: Milei festeja una victoria judicial que le da la razón a Kicillof y contradice dos años de su propio relato
Economía argentina: crece el índice, cae la industria y se hunde el consumo — la brecha que el EMAE no puede ocultar
Economía argentina: crece el índice, cae la industria y se hunde el consumo — la brecha que el EMAE no puede ocultar
Argentina ahorró USD 16.100 millones con el fallo YPF pero no tiene política industrial: industria en mínimo de 90 años y 22.608 empresas cerradas desde 2023
Superávit fiscal con industria al 53%: la trampa que le impide a Argentina pasar del 3% mensual al 3% anual de inflación y que Israel, Brasil y Chile resolvieron con política productiva
Encajes, remonetización y trampa estructural: lo que el BCRA resuelve y lo que la Argentina del desarrollo todavía no tiene


