Economía 13News-Economía 17/09/2025

Presupuesto 2026: Milei subestima tasa de inflación y precio del dólar

Las cifras económicas presentadas en el proyecto presupuestario para 2026 han generado sorpresa y escepticismo entre analistas financieros y operadores del mercado

Las cifras económicas presentadas en el proyecto presupuestario para 2026 han generado sorpresa y escepticismo entre analistas financieros y operadores del mercado. Las estimaciones oficiales respecto al comportamiento futuro de variables clave como el índice de precios al consumidor y la cotización cambiaria contrastan marcadamente con las expectativas del sector privado.

La administración de Javier Milei incluyó en su propuesta presupuestaria una proyección de inflación anual del 24,5% para el presente ejercicio. Esta cifra resulta particularmente llamativa considerando que hasta agosto la variación acumulada del IPC alcanzó el 19,5%. Para cumplir con la meta establecida, los 4 meses restantes del año deberían registrar un incremento conjunto de apenas 4,3%, equivalente a un promedio mensual del 1,1%.

Esta estimación se encuentra significativamente por debajo de las previsiones elaboradas por especialistas del sector financiero. La encuesta de expectativas de mercado del Banco Central de la República Argentina arroja una perspectiva diferente: los consultores anticipan una suba de precios del 7% para el período septiembre-diciembre, lo que elevaría la inflación total del ejercicio al 27,9%.

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Las discrepancias se vuelven aún más pronunciadas al examinar las proyecciones para 2026. Mientras el gobierno estima un incremento del IPC del 10,1% para el próximo año, los economistas privados calculan una variación del 17,8%. La meta oficial implicaría mantener un ritmo inflacionario promedio de 0,81% mensual, cifra que muchos consideran de complejo cumplimiento sin medidas adicionales de ajuste fiscal y restricción monetaria.

El historial reciente demuestra la tendencia sistemática hacia la subestimación de estas variables. En el presupuesto anterior se había previsto una inflación del 104,4% para 2024 y del 18,3% para 2025. La realidad superó ampliamente estos cálculos: el año pasado cerró con una variación del 117,8%, mientras que en los primeros 8 meses de 2025 ya se superó la proyección completa inicialmente establecida.

El aspecto cambiario presenta inconsistencias igualmente notables. El documento oficial proyecta una cotización del dólar de 1.423 pesos para diciembre de 2026, cuando actualmente la divisa se encuentra en 1.469 pesos y muestra presión alcista hacia el techo de la banda de flotación. Esta estimación ha sido recibida con incredulidad por parte de los analistas, quienes consideran improbable una reversión de la tendencia cambiaria en el mediano plazo.

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Las motivaciones detrás de estas proyecciones aparentemente optimistas responden a múltiples factores estratégicos. En primera instancia, existe un componente de gestión de expectativas dirigido hacia el sector empresarial. Al comunicar oficialmente metas inflacionarias reducidas, la administración busca influir sobre las decisiones de política de precios de industrias y comercios, generando presión social sobre aumentos que excedan los parámetros gubernamentales.

Un segundo elemento crucial radica en el impacto sobre las negociaciones salariales, particularmente en el ámbito público. La masa salarial de empleados estatales representa aproximadamente el 15% del gasto corriente, sin considerar los niveles provincial y municipal. Durante las discusiones paritarias, el gobierno intenta orientar la referencia sindical hacia la inflación futura proyectada, en lugar de la pasada, evitando mecanismos automáticos de indexación salarial.

Esta estrategia no constituye una innovación del actual gobierno. Administraciones anteriores, independientemente de su orientación ideológica, han recurrido sistemáticamente a proyecciones conservadoras como herramienta de política económica. Desde Cristina Kirchner hasta Mauricio Macri y Sergio Massa, todos han intentado convencer al mercado sobre la viabilidad de una desaceleración progresiva de los precios.

El ministro de Economía Luis Caputo ha demostrado disposición para intervenir directamente cuando percibe riesgos de contagio inflacionario. Su decisión de no homologar ciertos acuerdos salariales que consideraba excesivos generó tensiones con la Confederación General del Trabajo, evidenciando la voluntad oficial de mantener control sobre la evolución de los costos laborales.

En el frente cambiario, las expectativas oficiales chocan con la realidad del mercado financiero. Muchos operadores anticipan modificaciones al esquema de banda de flotación tras las elecciones legislativas, con algunos pronosticando un salto devaluatorio inevitable. Otros analistas sugieren que la administración está dispuesta a utilizar los recursos provistos por el Fondo Monetario Internacional para defender el tipo de cambio, aunque advierten sobre los riesgos de una estrategia que históricamente ha resultado infructuosa.

La respuesta inicial del mercado ante estas proyecciones ha sido de escepticismo. El dólar continuó su trayectoria ascendente posterior al anuncio presidencial, mientras el Banco Central mantiene su intervención en el mercado de futuros, estableciendo tasas implícitas negativas para desincentivar las coberturas cambiarias.

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Las cifras presupuestarias reflejan una constante de la política económica argentina: la tendencia a presentar escenarios optimistas en períodos preelectorales, independientemente de la orientación ideológica del gobierno de turno. Esta práctica responde a la necesidad política de proyectar estabilidad y control sobre las variables macroeconómicas fundamentales.

La credibilidad de las proyecciones oficiales enfrenta el desafío de la experiencia histórica y las expectativas del mercado. El cumplimiento de las metas establecidas requeriría un esfuerzo considerable en términos de disciplina fiscal y monetaria, con potenciales costos en términos de actividad económica que contrastarían con el crecimiento del 5% previsto para el producto interno bruto.

La divergencia entre las estimaciones gubernamentales y las expectativas privadas plantea interrogantes sobre la efectividad de esta estrategia comunicacional para influir genuinamente sobre el comportamiento de precios y salarios en la economía real.

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