Ricardo Arriazu frena expectativas de salida del cepo cambiario: "Soy enemigo de los controles, pero soy mucho más enemigo del colapso social"
El economista Ricardo Arriazu, considerado uno de los asesores más influyentes del presidente Javier Milei, ha lanzado una advertencia que podría sacudir los cimientos de la política económica libertaria. Durante las Jornadas Monetarias del Banco Central, Arriazu sorprendió al público al sugerir que no se apresure la salida del cepo cambiario, afirmando: "Soy enemigo de los controles, pero soy mucho más enemigo del colapso social".
Esta declaración, respaldada por otros economistas de renombre como Gustavo Cañonero y Rafael Di Tella, marca un punto de inflexión en el debate sobre la liberación del mercado cambiario en Argentina. Los expertos coinciden en que el gobierno debería esperar al menos hasta 2025 para eliminar totalmente las restricciones cambiarias, priorizando la estabilidad económica incipiente sobre la promesa de una rápida liberalización.
Arriazu, conocido por su influencia en el pensamiento económico de Milei, enfatizó la imposibilidad de separar la política económica del contexto político y social. "Uno no puede pensar con el programa en el laboratorio sin ver las consecuencias políticas y sociales", advirtió, sugiriendo un enfoque más cauteloso y gradual para el desarme del cepo.
El economista propone una estrategia de apertura paulatina, reconociendo los avances ya realizados, como en el caso del pago de importaciones. Su consejo al gobierno es claro: "Vayan de a poco con el cepo porque si mis números son correctos y hay confianza, en algún momento del año que viene van a poder decidir que el tipo de cambio sea libre".
Gustavo Cañonero, ex vicepresidente del BCRA, reforzó esta posición al subrayar la necesidad de construir credibilidad en el cambio de régimen económico. Propuso eliminar el dólar exportador (blend) para mejorar el ingreso de reservas y testear la demanda real del mercado, manteniendo la capacidad de intervenir en la brecha cambiaria.
Por su parte, Rafael Di Tella comparó la situación actual con la transición chilena de los 80, sugiriendo que es posible lograr crecimiento económico incluso con restricciones cambiarias, siempre que la transición sea ordenada.
Estas declaraciones podrían representar un giro significativo en la estrategia económica del gobierno de Milei, que hasta ahora había prometido una rápida liberalización del mercado cambiario. La prudencia sugerida por estos economistas plantea interrogantes sobre cómo el gobierno equilibrará sus promesas de libertad económica con la necesidad de estabilidad social y financiera.
El debate sobre el timing y la forma de salida del cepo cambiario se perfila como uno de los temas más candentes de la política económica argentina en los próximos meses. La posición de Arriazu y sus colegas sugiere que el camino hacia la liberalización total podría ser más largo y gradual de lo inicialmente previsto por los partidarios más fervientes del libre mercado.
Mientras tanto, el mercado y la sociedad argentina observan atentamente cómo el gobierno de Milei navegará estas aguas turbulentas, balanceando las expectativas de cambio radical con la realidad económica y social del país. La pregunta que queda en el aire es si este enfoque más cauteloso logrará mantener el apoyo de la base libertaria de Milei o si generará tensiones dentro de su coalición política.
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