Wall Street se recupera tras tregua comercial con China mientras Moody's alerta sobre el creciente peso de la deuda de EEUU


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El mercado bursátil estadounidense experimenta una notable recuperación tras el sorpresivo giro en la política comercial del presidente Donald Trump, quien decidió suspender los aranceles punitivos contra China. Esta rectificación ha desencadenado cinco sesiones consecutivas de alzas en Wall Street, permitiendo que el índice S&P 500 recupere todo el terreno perdido durante 2025 y se acerque nuevamente a niveles récord.
El cambio de rumbo en la política comercial marca un punto de inflexión en lo que ha sido un año de extraordinaria volatilidad para los mercados financieros. Desde la toma de posesión de Trump el 20 de enero, los inversores han transitado por un ciclo completo de euforia y depresión, comenzando con un "Trump rally" que impulsó los índices a máximos históricos hasta mediados de febrero, seguido por un abrupto "Trump slump" cuando la administración implementó aumentos arancelarios de magnitudes sin precedentes.
El acuerdo alcanzado con China, arquitectado por el secretario del Tesoro Scott Bessent en apenas unos días de negociaciones en Ginebra, ha reducido los gravámenes recíprocos desde niveles prohibitivos (145% y 125% respectivamente) a porcentajes elevados pero manejables (30% y 10%). Aunque este arreglo tiene carácter temporal -inicialmente por 90 días- y deja numerosos aspectos sin resolver, los mercados han interpretado este retroceso como una señal clara de que la administración Trump reconoce los riesgos económicos de una guerra comercial a gran escala.


La rápida reacción de los mercados refleja la convicción de que estos acuerdos, aunque precarios, están respaldados por un factor más sólido: el reconocimiento presidencial de las consecuencias potencialmente catastróficas de su estrategia original. Trump, quien llevó al extremo este "juego de la gallina" comercial, ahora se encarga personalmente de desactivarlo mientras proclama victorias diplomáticas históricas.
La reversión en la política arancelaria ha modificado sustancialmente las expectativas sobre el desempeño económico estadounidense. Wall Street ya no considera la recesión como escenario base, aunque figuras influyentes como Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan, advierten contra un exceso de optimismo. Los mercados de predicción, que en abril asignaban una probabilidad de dos tercios a un escenario recesivo, ahora sitúan estas posibilidades por debajo del 40%, cifra que, aunque reducida, duplica las estimaciones de principios de año.
Un factor determinante para esta mejora en las perspectivas es la confianza en que la Reserva Federal intervendría con recortes adicionales de tasas si la economía mostrara signos de deterioro. Sin embargo, el presidente de la Fed, Jerome Powell, ha dejado claro que la prioridad actual no es combatir una recesión hipotética sino contener las expectativas inflacionarias, que se han disparado precisamente como consecuencia de la incertidumbre arancelaria.
La relación entre política comercial y sentimiento del consumidor emerge como elemento crítico en esta coyuntura. La medición de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan registró a principios de mayo su segunda lectura más baja desde que se llevan registros, con un 75% de los encuestados mencionando espontáneamente su preocupación por los aranceles. Esta ansiedad se traduce en expectativas inflacionarias elevadísimas: 7,3% a un año vista, cifra no observada desde 1981, cuando la inflación estadounidense superaba los dos dígitos.
La decisión de Trump de retroceder en su ofensiva arancelaria representa, por tanto, una jugada estratégica con múltiples beneficios potenciales: podría fortalecer la confianza del consumidor y sus decisiones de gasto, moderar las expectativas inflacionarias actualmente desproporcionadas, y mejorar la relación con la Reserva Federal. Este último aspecto resultaría crucial, ya sea porque una economía saludable evitaría presiones para recortes prematuros de tasas, o porque unas expectativas inflacionarias más moderadas permitirían a la Fed implementar reducciones graduales que faciliten un aterrizaje suave.
Pese a estos avances en el frente comercial, persisten nubarrones significativos en el horizonte económico estadounidense. La agencia Moody's ha sacudido los mercados al rebajar la calificación crediticia de la deuda soberana de Estados Unidos, eliminando así la última valoración AAA que mantenía el país. Esta decisión, aunque criticada por su oportunidad, sigue la estela de movimientos similares efectuados por Standard & Poor's en 2011 y Fitch Ratings en 2023.
El fundamento de esta degradación radica en el crecimiento imparable de la deuda pública, tendencia agravada por administraciones sucesivas y que podría intensificarse con las propuestas fiscales actuales. Moody's proyecta que el déficit fiscal escalará desde el 6,4% del PIB en 2024 hasta el 9% en 2035, mientras la relación deuda/PIB pasaría del 98% al 134% en el mismo período. La rebaja impositiva promovida por Trump agregaría aproximadamente 4 billones de dólares al déficit acumulado en la próxima década, sumándose a una deuda ya cercana a los 36 billones.
El propio secretario Bessent, quien gestionó exitosamente la marcha atrás en política arancelaria, ha expresado su preocupación por estas tendencias fiscales, calificando las cifras de deuda como "realmente alarmantes" y advirtiendo sobre el riesgo de "una paralización repentina de la economía" si se produjera una crisis de confianza. Su compromiso declarado de evitar este escenario enfrentará pruebas significativas en los próximos meses.
El episodio de volatilidad provocado por los aranceles en abril reveló vulnerabilidades preocupantes, cuestionándose por primera vez abiertamente el estatus del dólar y los bonos del Tesoro como refugios seguros. La fuga de capitales registrada durante ese período demostró que la confianza internacional en los activos estadounidenses puede erosionarse rápidamente, especialmente cuando el propio equipo económico llega a sugerir medidas como impuestos específicos sobre tenencias extranjeras de bonos del Tesoro.
El mercado de renta fija mantiene así un papel crucial como termómetro de la confianza global. El sobrepaso de la tasa a 30 años por encima del 5% en enero activó señales de alarma, pues históricamente este nivel ha funcionado como detonante de correcciones bursátiles profundas. Más recientemente, el ascenso brusco de las tasas largas en abril, acompañado de caídas simultáneas en el dólar y los mercados bursátiles, evidenció la emergencia del riesgo país como factor determinante, forzando el freno gubernamental a los aumentos arancelarios.
La sostenibilidad del rally actual dependerá en gran medida de la capacidad de la administración para reestructurar sus planes fiscales, reduciendo la magnitud de las rebajas impositivas propuestas e incorporando medidas que aumenten la recaudación. Trump ha iniciado movimientos en esta dirección, sugiriendo preliminarmente la posibilidad de un pequeño impuesto que afectaría a los más ricos, pero el camino hacia el equilibrio fiscal promete ser largo y complejo.
La motosierra bajó el déficit a cero. El riesgo país sigue en 634 puntos. Uruguay nunca tuvo motosierra y opera en 86.

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