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El Nuevo Régimen de Bandas Cambiarias: Análisis de la Transición Monetaria y sus Tensiones Estructurales para 2026

La recalibración del esquema cambiario plantea interrogantes fundamentales sobre la sostenibilidad de la desinflación, la acumulación de reservas y el equilibrio entre estabilidad nominal y competitividad externa. Los analistas anticipan presiones que pondrán a prueba la consistencia del ancla monetaria

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La política económica no puede reducirse a marcos monetarios o cambiarios simplistas. Como sugería Adolfo Canitrot en sus reflexiones sobre los desafíos de la transformación económica, abordar cuestiones sistémicas requiere enfoques pragmáticos y multidimensionales que trasciendan fronteras ideológicas tradicionales. El debut del nuevo esquema de bandas ajustadas por inflación a partir de este 2 de enero ilustra con claridad meridiana esta complejidad: el equipo económico busca simultáneamente sostener la desinflación, acumular reservas postergadas y evitar tensiones cambiarias que comprometan la estabilidad alcanzada.

Racionalidad del nuevo esquema: calibración versus arbitrariedad
La modificación implementada por el Ministerio de Economía responde a una demanda largamente postergada: la acumulación de reservas internacionales. El régimen anterior, con ajustes fijos del 1% mensual en ambos extremos de la banda, generaba una apreciación real sistemática dado que la inflación superaba consistentemente ese ritmo de crawl. Como consecuencia, el techo de la banda descendía en términos reales mes a mes, estrechando el margen operativo del Banco Central.

Francisco Ritorto, economista de ACM, caracteriza el nuevo esquema como orientado a "bajar la probabilidad de tensiones más que a generar un movimiento brusco del dólar". La señal apunta a dotar de mayor previsibilidad al régimen cambiario mediante una banda calibrada con la evolución de precios y compras de divisas alineadas con la demanda de pesos, evitando reacciones defensivas ante perturbaciones.

Christian Buteler coincide en calificar al nuevo diseño como "mejor que el anterior" precisamente porque "tiene en cuenta qué pasa con el resto de los precios de la economía" en lugar de aplicar "un número arbitrario". No obstante, advierte que la modificación no corrige el atraso acumulado durante 2025: "No se atrasa más, pero tampoco va a recuperar".

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La paradoja de la acumulación de reservas
El desafío central que enfrenta el nuevo esquema radica en la contradicción entre objetivos simultáneos. Con el tipo de cambio operando a apenas 5% del techo de la banda, cualquier demanda adicional presiona hacia el límite superior, obligando al Banco Central a vender divisas en lugar de acumularlas. Como señala Buteler, esta dinámica contradice precisamente lo que la autoridad monetaria necesita realizar.

Matías Rajnerman, jefe de Macroeconomía del Banco de la Provincia de Buenos Aires, documenta una aceleración de la demanda neta de dólares en las últimas jornadas, con indicios de fuertes intervenciones por parte del Tesoro. El lunes previo al debut del nuevo esquema, las reservas brutas cayeron 1.718 millones de dólares, de los cuales 1.345,5 millones carecen de explicación oficial según Portfolio Personal Inversiones.

Esta dinámica plantea un interrogante decisivo para enero: si el Banco Central comenzará a comprar dólares como anunció el 15 de diciembre o mantendrá la postura vendedora reciente. La resolución de esta tensión determinará la trayectoria del tipo de cambio y, consecuentemente, su impacto sobre la inflación.

Inflación persistente: el piso difícil de perforar
La inflación representa más que una métrica estadística; opera como mecanismo profundo de redistribución de riqueza que impacta desproporcionadamente sobre poblaciones vulnerables. Cuando los aumentos sostenidos de precios erosionan el poder adquisitivo, presenciamos no solo disrupción económica sino un proceso sistemático de marginación social cuyos efectos trascienden las síntesis macroeconómicas convencionales.

Los datos recientes sugieren que diciembre cerró con un incremento que podría superar el 2,5%, continuando la tendencia alcista de los últimos meses. Buteler identifica un "punto difícil de romper" en torno al 2% mensual, considerando las actualizaciones tarifarias y demás ajustes pendientes. Si bien diciembre exhibe estacionalidad desfavorable respecto a enero, no existen motivos estructurales para anticipar una desaceleración significativa.

La Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advierte sobre una tensión específica: los aumentos en combustibles y tarifas presionan sobre el IPC en el corto plazo (con impacto potencial de 1,2 puntos en enero de materializarse la totalidad de incrementos), y en un esquema que se ajusta por inflación pasada, pueden tensionar expectativas devaluatorias y poner a prueba la consistencia del ancla nominal.

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Equilibrios fiscales y presiones cruzadas
El desafío de 2026 consiste en administrar un equilibrio fino entre consolidación fiscal, desinflación y estabilidad cambiaria. El Gobierno anunció medidas que implican una reducción permanente de recursos cercana a 0,7 puntos del PIB. Para contrarrestar esta merma, dispone de dos partidas principales: subsidios e impuestos a combustibles.

Esta configuración genera tensiones cruzadas que merecen exploración rigurosa. La reducción de subsidios energéticos alivia presiones fiscales pero traslada costos a hogares y empresas mediante aumentos tarifarios que presionan la inflación. Los incrementos en combustibles, a su vez, generan efectos de segunda ronda sobre transporte y logística que se difunden al conjunto de precios. El esquema cambiario indexado a inflación pasada puede entonces amplificar estas presiones en lugar de absorberlas.

Tensiones en el mercado monetario: tasas y liquidez
El mercado de tasas en pesos exhibe tensiones que reflejan las complejidades del esquema monetario vigente. Según Portfolio Personal Inversiones, los bancos están agotando los pulmones de liquidez disponibles: Cuenta Corriente en el BCRA, depósitos del Tesoro y operaciones de corto plazo. El único pulmón remanente corresponde al saldo de operaciones repo, cuyo cercano agotamiento probablemente forzó a entidades a recurrir al mercado de caución, presionándolo fuertemente hasta alcanzar tasas del 140% en la rueda de cierre de año.

Rajnerman anticipa que la evolución de enero dependerá de si se flexibiliza el esquema de encajes. La reducción de 3,5 puntos implementada a fines de noviembre para cuentas corrientes, con perspectiva de continuar progresivamente, habilitaría mayor liquidez que podría comprimir tasas de préstamos. Sin embargo, como advierte el BCRA en sus lineamientos para 2026, mientras la inflación observada supere la inflación internacional, mantendrá un sesgo monetario contractivo respecto a la trayectoria de demanda de dinero estimada.

Ritorto sintetiza el dilema: las tasas en pesos podrían acompañar gradualmente la baja de inflación sin perder atractivo real, porque el propio esquema necesita que la demanda de pesos se mantenga. Buteler coincide: "Las tasas tienen un piso que es la inflación, necesitan mantener tasas reales positivas, sobre todo si quieren que el tipo de cambio no presione".

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Consideraciones para una evaluación integral
La transformación económica exitosa demanda intervenciones multidimensionales que simultáneamente aborden disciplina fiscal, política monetaria y equidad social. El nuevo régimen de bandas representa una mejora técnica respecto al esquema anterior, pero no resuelve tensiones estructurales acumuladas durante 2025 ni garantiza la acumulación de reservas que el programa requiere.

Las consideraciones clave para el primer trimestre de 2026 incluyen:

Capacidad efectiva del BCRA para transitar de vendedor a comprador neto de divisas
Evolución de la inflación frente a ajustes tarifarios y de combustibles pendientes
Sostenibilidad del equilibrio fiscal ante reducción de recursos programada
Dinámica de tasas en un contexto de liquidez bancaria acotada
La pregunta relevante no es si el nuevo esquema representa una mejora marginal, sino si las condiciones estructurales permiten sostener simultáneamente desinflación, acumulación de reservas y estabilidad cambiaria. En economías con historia inflacionaria arraigada y vulnerabilidades externas persistentes, estos objetivos frecuentemente entran en tensión. La capacidad del equipo económico para gestionar estos trade-offs determinará si 2026 consolida los avances de estabilización o revela los límites del modelo implementado.

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