
Dólar récord e inflación al alza: tensiones cruzadas golpean la economía argentina


La Newsletter de Gustavo Reija - Economista y CEO de NETIA GROUP
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La divisa estadounidense alcanzó cotizaciones históricas durante la jornada del miércoles mientras los indicadores de precios muestran señales de reversión en su trayectoria descendente, configurando un escenario económico complejo que desafía las proyecciones oficiales para el segundo semestre del año.
El peso argentino experimentó una nueva jornada de debilidad cuando la moneda norteamericana tocó 1.255 pesos en operaciones intradiarias antes de cerrar en 1.245 pesos en las pantallas del Banco Nación, estableciendo un nuevo pico máximo en su cotización oficial. Esta escalada de 10 pesos respecto al cierre previo puso en máxima alerta a inversores y analistas que venían observando presiones crecientes sobre el mercado cambiario.
Los segmentos paralelos acompañaron esta tendencia alcista con movimientos significativos. La cotización informal del billete verde registró un salto de 15 pesos hasta ubicarse en 1.240 unidades, mientras que las variantes financieras mostraron incrementos más moderados pero sostenidos. El contado con liquidación avanzó 0,6 por ciento hasta 1.240 pesos, en tanto que el dólar MEP ganó 0,5 por ciento para negociarse en 1.238 pesos por unidad.


Esta escalada cambiaria coincide temporalmente con indicaciones de que el proceso desinflacionario podría estar experimentando una pausa transitoria. Estimaciones privadas sugieren que el índice de precios al consumidor correspondiente a junio habría alcanzado el 2 por ciento mensual, superando las proyecciones del Relevamiento de Expectativas del Mercado que anticipaban una variación del 1,9 por ciento para ese período.
La consultora C&T Asesores confirmó estas estimaciones mediante su relevamiento de precios minoristas para el Gran Buenos Aires, identificando factores específicos que explicarían esta interrupción de la tendencia bajista observada en mayo. La ausencia de promociones comerciales masivas similares al Hot Sale y el comportamiento menos favorable de los precios de verduras contribuyeron a esta aceleración mensual.
Los analistas del mercado identifican múltiples factores convergentes que explican las tensiones cambiarias actuales. El déficit de cuenta corriente reapareció con fuerza durante el primer trimestre del año, alcanzando 5.191 millones de dólares y constituyendo el primer saldo negativo desde el inicio de la gestión actual. Este deterioro obedeció principalmente al comportamiento del intercambio comercial y al histórico déficit en la cuenta de servicios.
El sector turístico emergió como uno de los principales demandantes de divisas durante los primeros meses del año. El déficit turístico experimentó un incremento del 388 por ciento respecto al año anterior, reflejando tanto la recomposición parcial de ingresos en ciertos segmentos poblacionales como la flexibilización de restricciones cambiarias que previamente limitaban los consumos externos.
Las importaciones crecieron 34 por ciento en términos interanuales, superando ampliamente el aumento del 7 por ciento registrado en las exportaciones. Este dinamismo importador responde al tipo de cambio real más competitivo respecto al año anterior y a la recuperación gradual de la actividad económica que impulsa la demanda de insumos y bienes finales.
La liquidez en pesos enfrenta restricciones crecientes que agregan complejidad al panorama financiero. La combinación de factores estacionales como el pago de aguinaldos e impuestos junto con la finalización de esquemas transitorios provocó un encarecimiento del dinero que se refleja en las tasas de caución, las cuales alcanzaron niveles similares a los plazos fijos tradicionales.
Esta contracción de la liquidez forma parte de la estrategia oficial para sostener tasas de interés reales positivas y disciplinar la demanda agregada. Sin embargo, genera interrogantes sobre la sostenibilidad temporal de esta escasez sin provocar efectos indeseados en la actividad económica y en la capacidad de financiamiento del Tesoro Nacional.
La última licitación de deuda en pesos evidenció estas tensiones cuando el Gobierno logró renovar apenas el 60 por ciento de los vencimientos programados. Este resultado sugiere límites al uso de la restricción de liquidez como mecanismo indirecto de control cambiario, especialmente si la situación se prolonga en el tiempo.
Los especialistas de Clave Bursátil atribuyen la estabilidad cambiaria reciente a factores estacionales que podrían estar llegando a su fin. Un pico estacional en la demanda de pesos junto con mayor oferta de dólares impulsada por la reducción temporal de retenciones al agro habían contribuido a contener las presiones cambiarias durante las semanas previas.
Camilo Tiscornia, director de C&T, identifica varios elementos que generan especulación sobre la sostenibilidad del tipo de cambio actual. La proximidad del vencimiento de bonos por 4.500 millones de dólares, la finalización del pico de oferta de divisas del agro y la incapacidad del Banco Central para acumular reservas comprando en el mercado configuran un escenario desafiante.
Los ruidos externos agregaron volatilidad al panorama durante los últimos días. El fallo judicial contra el Estado argentino por la estatización de YPF, la decisión de MSCI de no reclasificar el mercado argentino y la recomendación de JP Morgan de salir de las Letras del Tesoro en pesos contribuyeron a la cautela de los inversores.
El analista Gustavo Ber coincide en que el balance cambiario enfrenta presiones por menor oferta y mayor demanda de divisas, agravadas por el clima preelectoral. La cautela de los inversores se refleja no solo en el mercado cambiario sino también en el bursátil, particularmente en las acciones de empresas locales.
Las perspectivas inflacionarias para julio muestran cierta moderación según las proyecciones del Relevamiento de Expectativas del Mercado, que anticipan una variación del 1,8 por ciento mensual. No obstante, esta estimación dependerá crucialmente del comportamiento del tipo de cambio y otros factores de costo que podrían presionar los precios internos.
Aldo Abram, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, estima que julio podría ubicarse levemente por debajo de junio debido al bajo ritmo de depreciación observado. Esta evaluación resulta inusual considerando que julio tradicionalmente muestra inflación más alta por factores estacionales.
El equilibrio cambiario actual depende de tres pilares fundamentales según los especialistas: tasas de interés elevadas, intervenciones del Banco Central en el mercado de futuros y flujos de divisas que aún no logran recomponer las reservas de manera estructural. La posición vendedora del BCRA en futuros se incrementó durante mayo, alimentando la incertidumbre de los operadores.
La sostenibilidad del esquema a mediano plazo requiere encontrar un equilibrio delicado entre disciplina fiscal, orden monetario y estabilidad cambiaria. Los analistas advierten que cualquier sobresalto puede amplificarse en un año electoral, mientras la economía transita la etapa decisiva de su programa de estabilización.
El desafío inmediato consiste en mantener la convergencia de las expectativas inflacionarias mientras se gestionan las presiones cambiarias en un contexto de restricciones de liquidez y factores externos adversos. La capacidad de las autoridades para navegar estos frentes simultáneos determinará la estabilidad macroeconómica en los meses venideros.


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