¿Llegará Argentina a calificar con Grado de Inversión? El Ambicioso Plan de Milei para Seducir al Capital Global


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El presidente Milei acaba de lanzar una de sus apuestas más audaces: devolver a Argentina al selecto club de los mercados emergentes. El anuncio, realizado en el Foro Económico de Buenos Aires, no es solo una declaración de intenciones; es una hoja de ruta para transformar radicalmente el perfil financiero del país.
Los números respaldan el optimismo presidencial. El riesgo país se desplomó de 3.000 a menos de 1.100 puntos, mientras los bonos soberanos duplicaron su valor. "Vamos a seguir bajándolo", prometió Milei, "y vamos a lograr, tarde o temprano, volver a ser un país emergente". Pero la ambición no se detiene allí: el objetivo final es alcanzar el codiciado "investment grade".
No es un camino sencillo. Argentina, relegada actualmente a la categoría "standalone" por MSCI, necesita escalar dos peldaños para recuperar su estatus de mercado emergente. El premio es tentador: JP Morgan estima que este ascenso podría atraer inversiones por USD 1.000 millones, un flujo que el país necesita desesperadamente tras años de aislamiento financiero.


"La apertura del cepo es un requisito sine qua non", advierte Gustavo Neffa, de Research for Traders. Es el elefante en la habitación: sin libertad cambiaria, la meta es inalcanzable. La experiencia de 2021, cuando Argentina perdió su clasificación emergente tras reimplantar controles, es un recordatorio doloroso pero instructivo.
El camino hacia el grado de inversión es aún más desafiante. Las calificadoras de riesgo ubican a Argentina en el sótano crediticio: Moody's la califica como Ca, Fitch como CC, y S&P, apenas un escalón arriba, como CCC. "Estamos en el subsuelo", resume Martín Polo, de Cohen, "pero más abajo no podemos ir. Todo lo que viene será para mejor".
Paraguay emerge como el ejemplo a seguir, financiándose al 6% con vencimientos hasta 2050. Un espejo tentador pero lejano para Argentina. "El pasado nos condena", reconoce Neffa, "pero es muy positivo que el gobierno establezca estas metas. Implica un compromiso con reformas profundas".
Los beneficios potenciales son enormes. El grado de inversión no es solo un sello de aprobación: es la llave para acceder a fondos institucionales globales que manejan billones de dólares. Significa financiamiento más barato, plazos más largos y un flujo estable de capital extranjero. Es la diferencia entre mendigar recursos y poder elegir entre inversores.
La estrategia parece clara: primero, recuperar el estatus emergente; luego, construir paso a paso hacia el grado de inversión. Es un plan ambicioso pero realista, que reconoce que la confianza internacional se construye gradualmente. La eliminación del cepo es solo el primer paso de una larga marcha.
El éxito dependerá de la capacidad del gobierno para mantener el rumbo en medio de las turbulencias. La disciplina fiscal, la estabilidad macroeconómica y las reformas estructurales son condiciones innegociables. Pero el premio vale la pena: un lugar en la primera liga de los mercados globales.
"Si es una política de Estado, está muy bien que se persiga ese objetivo", concluye Neffa. Es más que una meta económica: es una visión de país. La Argentina que Milei imagina no es solo una economía estable, sino un destino confiable para el capital global. El camino será largo, pero la dirección está marcada.



