Milei va por Ferrocarriles Argentinos tras la Privatización del Belgrano Cargas


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La motosierra libertaria apunta ahora a uno de los símbolos más arraigados del Estado argentino. Tras la privatización del Belgrano Cargas, el gobierno prepara el desmantelamiento de Ferrocarriles Argentinos (FASE), ese gigante burocrático que desde 2015 coordina todo el sistema ferroviario nacional.
"No tiene razón de ser", sentencia sin rodeos un alto funcionario del área. "Es una estructura que solo está en el medio", agrega, describiendo lo que el gobierno ve como un laberinto burocrático innecesario entre las empresas ferroviarias y la secretaría de Transporte.
Los números de FASE dibujan el retrato de una estructura mastodóntica:
- $7.124 millones en transferencias del Tesoro
- 1.300 empleados heredados de otras disoluciones
- Seis gerencias y once subgerencias
- Millones en gastos que van desde impresoras hasta bidones de agua

La empresa parece ser un monumento a lo que el gobierno Milei considera excesos estatales. Solo en alquiler de impresoras gasta casi $30 millones, mientras que la seguridad privada se lleva otros $61 millones. Son cifras que hacen rechinar los dientes a los defensores del ajuste fiscal.
Pero la disolución de FASE es solo el aperitivo. El plato fuerte viene con la privatización de SOFSE, una estructura que emplea a más de 23.000 personas. Es como si el gobierno estuviera desarmando, pieza por pieza, el rompecabezas del Estado ferroviario.
La transformación promete ser radical. De la estructura creada en 2015 para "reactivar" los ferrocarriles quedará poco. El directorio que hoy reúne a funcionarios, sindicalistas y usuarios será reemplazado por una línea directa con la secretaría de Transporte.
El contraste con el espíritu de la ley 27.132 es notable. Donde antes se declaraba de interés público la reactivación ferroviaria estatal, ahora se avanza hacia un modelo de gestión privada con supervisión estatal mínima.
La revolución ferroviaria de Milei plantea interrogantes cruciales. ¿Mejorará el servicio con menos burocracia? ¿Qué pasará con los miles de empleados? ¿Puede el sector privado gestionar eficientemente un sistema tan complejo?
El gobierno apuesta fuerte: menos Estado significa mejor servicio. Es una apuesta arriesgada en un país donde el tren no es solo transporte sino símbolo de desarrollo y conexión territorial. La eficiencia que promete la privatización se enfrentará al desafío de mantener servicios en rutas no rentables pero socialmente necesarias.
Por ahora, la motosierra avanza sin pausa. FASE, ese gigante nacido para coordinar el renacimiento ferroviario argentino, se encamina hacia su ocaso. Es el fin de una era y el comienzo de otra cuyo destino final aún está por escribirse.
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