Reservas del Central en terreno negativo y mayor presión importadora presagian un Octubre complejo para el sector externo
El panorama económico argentino se perfila cada vez más desafiante a medida que se acerca octubre, mes que podría poner a prueba la resistencia del esquema cambiario implementado por el ministro de Economía, Luis Caputo. Con las reservas del Banco Central (BCRA) en terreno negativo y una creciente presión sobre el mercado de divisas, el Gobierno se enfrenta a un escenario complejo que podría sacudir los cimientos de su estrategia económica.
El BCRA ha experimentado un septiembre difícil, acumulando ventas de reservas que ya superan los 100 millones de dólares. Esta tendencia negativa, que se prolongó desde finales de mayo, ha llevado a las reservas netas a un déficit estimado en más de 5.000 millones de dólares, según cálculos de analistas privados. La situación se torna aún más preocupante al considerar que las perspectivas de acumulación de divisas para lo que resta del año no son alentadoras.
El décimo mes del año se presenta particularmente desafiante debido a una combinación de factores estacionales y decisiones políticas recientes. Tradicionalmente, septiembre, octubre y noviembre son meses complicados para el ingreso de divisas del sector agrícola, principal fuente de dólares para la economía argentina. Sin embargo, este año se suman dos elementos adicionales que podrían intensificar la presión sobre las reservas.
En primer lugar, el nuevo esquema de pago de importaciones en dos cuotas, implementado por el Gobierno en agosto, se solapará con el antiguo régimen de cuatro cuotas. Este cruce de sistemas podría resultar en un aumento significativo de la demanda de dólares para cancelar obligaciones con proveedores extranjeros. Algunos analistas estiman que el ratio de pagos versus importaciones podría elevarse hasta un 150% en octubre, lo que implicaría una demanda adicional equivalente a un mes extra de compras al exterior.
Adicionalmente, la decisión gubernamental de reducir la alícuota del impuesto PAIS del 17,5% al 7,5% a partir de septiembre ha generado un efecto de postergación en las operaciones de importación. Muchos empresarios optaron por esperar a la entrada en vigencia de la nueva tasa para concretar sus compras, lo que podría traducirse en una concentración de la demanda de divisas en octubre.
Estos factores se suman a un contexto ya complicado para el equipo económico. La inflación, que había mostrado signos de desaceleración, rebotó al 4,2% en agosto, erosionando el principal activo político del Gobierno. Este repunte inflacionario no solo impacta en el poder adquisitivo de la población, sino que también refuerza el proceso de apreciación del tipo de cambio, alimentando las expectativas de una futura devaluación.
El ministro Caputo se encuentra en una encrucijada. Por un lado, mantiene su apuesta por el esquema cambiario actual, que incluye la extensión del cepo, un crawling peg del 2% mensual y el mecanismo del dólar blend. Esta estrategia busca contener la inflación y evitar un salto brusco en el tipo de cambio. Sin embargo, la escasez de divisas amenaza con socavar los cimientos de este plan, especialmente ante la perspectiva de vencimientos de deuda externa por unos 18.000 millones de dólares en 2025.
El Gobierno busca oxígeno financiero a través del programa de blanqueo de capitales, que ya ha mostrado algunos resultados positivos con un aumento de más de 1.600 millones de dólares en los depósitos en moneda extranjera desde mediados de agosto. No obstante, los analistas advierten que este influjo de divisas podría no ser suficiente para enfrentar los desafíos que se avecinan.
En este contexto, el cumplimiento de las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) se torna cada vez más complicado. Para alcanzar el objetivo de acumulación de reservas netas del tercer trimestre, el BCRA debería sumar cerca de 2.000 millones de dólares antes de fin de mes, una meta que luce prácticamente inalcanzable en las condiciones actuales.
La situación plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del esquema económico actual y la posibilidad de que el Gobierno se vea obligado a implementar cambios en su estrategia para recomponer el frente externo. Algunos analistas ya especulan con la posibilidad de que Argentina deba solicitar un waiver al FMI por el potencial incumplimiento de la meta de reservas en la próxima revisión del programa.
El desenlace de esta coyuntura crítica tendrá implicaciones significativas no solo para la economía argentina, sino también para el panorama político del país. La capacidad del Gobierno para navegar estos turbulentos meses finales de 2024 podría determinar el rumbo económico y político de cara a un 2025 que ya se perfila como un año de grandes desafíos financieros y electorales.
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