Nuevo acuerdo con FMI enfrenta desafío legislativo mientras mercados aguardan definiciones
El gobierno argentino se acerca a la firma de un nuevo programa con el Fondo Monetario Internacional, pero enfrenta un obstáculo significativo: la necesidad de aprobación legislativa. A pesar del optimismo expresado por el presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo, la ley de fortalecimiento de la sostenibilidad de la deuda pública requiere el aval del Congreso para cualquier operación con el organismo multilateral.
Las autoridades económicas han confirmado avances sustanciales en las negociaciones, proyectando cerrar el acuerdo durante el primer cuatrimestre de 2025. El programa incluiría fondos frescos destinados a fortalecer las reservas del Banco Central y permitir la cancelación de deuda intra-sector público, aunque sin incrementar el endeudamiento neto del país.
La estrategia gubernamental contempla utilizar los nuevos recursos para construir una posición de reservas cercana a los 22.000 millones de dólares, considerada necesaria para eventualmente eliminar las restricciones cambiarias. Este objetivo se complementaría con la expectativa de mayores liquidaciones del sector agrícola, incentivadas por la reducción temporal de retenciones.
Sin embargo, la interpretación del gobierno sobre la necesidad de aprobación legislativa contrasta con la letra de la Ley 27.612, impulsada durante la gestión anterior. El texto legal es explícito al requerir sanción parlamentaria para cualquier programa o ampliación de operaciones con el FMI, independientemente de su impacto en el stock de deuda.
El antecedente más cercano data de 2022, cuando la administración previa debió solicitar autorización legislativa para refinanciar el programa stand-by heredado, aun cuando no implicaba nuevo endeudamiento neto. Esta experiencia sugiere que el actual gobierno enfrentaría la misma exigencia, salvo que opte por modificar la normativa mediante un decreto de necesidad y urgencia.
Los mercados financieros han reaccionado con cautela ante estas indefiniciones. La falta de claridad sobre el cronograma de salida del cepo cambiario, sumada a las dudas sobre la apreciación del peso, provocó retrocesos en bonos y acciones. Analistas de Adcap Grupo Financiero señalan que las preocupaciones sobre la política cambiaria se intensifican en un contexto de aversión global al riesgo.
El FMI, por su parte, ha expresado reservas sobre el manejo del tipo de cambio. En recientes comunicaciones, el organismo enfatizó la necesidad de desarrollar una estrategia creíble para desmantelar los controles cambiarios, implementar mayor flexibilidad en el mercado de divisas y fortalecer el rol de la política monetaria.
Caputo ha defendido la política cambiaria actual frente a las críticas, respaldándose en el reconocimiento internacional y las opiniones favorables de economistas locales como Ricardo Arriazu y Pablo Guidotti. El ministro atribuye la reciente caída en los bonos soberanos a una toma de ganancias natural tras un período de significativas apreciaciones.
La resolución de estas cuestiones resulta crucial para el programa económico gubernamental. La combinación de respaldo legislativo, fortalecimiento de reservas y una estrategia clara de normalización cambiaria aparece como condición necesaria para recuperar la confianza de los mercados y establecer las bases de una recuperación económica sostenible.