
La debilidad de los magnates tecnológicos por los yates: Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Eric Schmidt


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En el exclusivo universo de los multimillonarios de Silicon Valley, los superyates se han convertido en el último símbolo de estatus y poder. Estos palacios flotantes, que a menudo superan los 70 metros de eslora y cuestan cientos de millones de dólares, ofrecen una visión única del estilo de vida del 0,00001% más rico del mundo. Desde Jeff Bezos hasta Mark Zuckerberg, los titanes de la tecnología están invirtiendo sumas astronómicas en estas embarcaciones de lujo, redefiniendo los límites del ocio y la privacidad en alta mar.
Jeff Bezos, fundador de Amazon, lidera esta flota de lujo con su impresionante "Koru", un megayate de 127 metros valorado en 500 millones de dólares. Este velero, cuyo nombre significa "nuevo comienzo" en maorí, ha sido el escenario de fiestas de alto perfil con invitados como Bill Gates y Leonardo DiCaprio. El "Koru" no viaja solo; le acompaña el "Abeona", un yate de apoyo de 75 metros que transporta juguetes acuáticos y helicópteros para su nave principal.
Mark Zuckerberg, CEO de Meta, recientemente se unió a este club exclusivo con la adquisición del "Launchpad", un superyate de 118 metros. Aunque los detalles de su interior son un misterio, se sabe que cuenta con una gran piscina y un helipuerto. El precio, aunque no revelado oficialmente, se estima en cientos de millones de dólares.

Eric Schmidt, ex CEO de Google, también ha hecho noticia con su reciente adquisición del "Whisper" (anteriormente conocido como "Kismet"), un yate de 95 metros que cuenta con spa, piscina, cine y chimenea exterior. Aunque el precio de venta no se ha hecho público, se estima que ronda los 161 millones de dólares.
Barry Diller, presidente de IAC, y su esposa Diane von Furstenberg son propietarios del "Eos", una goleta de tres mástiles de 93 metros. Este yate, uno de los veleros privados más grandes del mundo, ha sido anfitrión de celebridades como Oprah Winfrey y Anderson Cooper.
Jim Clark, fundador de Netscape, posee el "Athena", un velero de 90 metros que ha intentado vender en varias ocasiones por precios que oscilan entre los 95 y 59 millones de dólares. Clark lo considera "uno de los grandes yates de vela más hermosos del mundo".
Larry Ellison, fundador de Oracle y conocido aficionado a la navegación, es dueño del "Musashi", un yate de 88 metros adquirido en 2011 por 160 millones de dólares. Con elementos de diseño japonés y art déco, el "Musashi" cuenta con ascensor, piscina, salón de belleza y hasta una cancha de baloncesto.
Laurene Powell Jobs heredó el "Venus", un yate de 78 metros diseñado por su difunto esposo Steve Jobs en colaboración con Philippe Starck. Valorado en 130 millones de dólares, el "Venus" es conocido por su diseño minimalista y su tecnología de vanguardia.
Charles Simonyi, ex empleado de Microsoft, es propietario del "Norn", un yate de 90 metros lleno de lujos como un cine al aire libre y una piscina con suelo elevable que se convierte en pista de baile.
Sergey Brin, cofundador de Google, ha creado toda una "Flota Voladora" de embarcaciones. Su buque insignia es el "Dragonfly", de 73 metros, que cuenta con sala de cine y helipuerto. Brin también posee el "Butterfly", de 38 metros, y una variedad de embarcaciones más pequeñas y juguetes acuáticos.
Estos superyates no solo son símbolos de riqueza extrema, sino también refugios de privacidad para sus dueños. Ofrecen un nivel de aislamiento y lujo que ni siquiera las propiedades terrestres más exclusivas pueden igualar. Sin embargo, también plantean cuestiones sobre la sostenibilidad y la responsabilidad social, dado su enorme costo y consumo de recursos.
La industria de los superyates, impulsada por estos multimillonarios tecnológicos, está en constante evolución. Los diseños se vuelven cada vez más sofisticados, incorporando tecnologías avanzadas y características de sostenibilidad. Algunos yates modernos incluyen sistemas de propulsión híbridos o eléctricos, y hay un creciente interés en materiales y prácticas más ecológicas.
El impacto económico de esta industria es significativo. La construcción y mantenimiento de estos yates genera empleos y estimula la innovación en diversos sectores, desde la ingeniería naval hasta el diseño de interiores de lujo. Además, los puertos y marinas que acogen estas embarcaciones se benefician económicamente de su presencia.
Sin embargo, la ostentación de estos superyates también ha generado críticas. En un mundo que enfrenta crecientes desigualdades y desafíos ambientales, el gasto de cientos de millones en embarcaciones de lujo es visto por muchos como excesivo e insensible. Algunos argumentan que estos recursos podrían tener un impacto más positivo si se invirtieran en causas sociales o ambientales.
A pesar de las controversias, la fascinación por estos palacios flotantes persiste. Representan no solo el pináculo del lujo y la ingeniería naval, sino también un reflejo de las aspiraciones y los excesos de la era digital. A medida que la riqueza generada por la tecnología continúa creciendo, es probable que veamos aún más innovaciones y récords en el mundo de los superyates.
En conclusión, los superyates de los magnates tecnológicos son mucho más que simples embarcaciones de lujo. Son manifestaciones tangibles del poder económico y la influencia de Silicon Valley, símbolos de una nueva era de riqueza y, para algunos, recordatorios de las crecientes disparidades en la sociedad global. Mientras estos titanes de la tecnología surcan los mares en sus palacios flotantes, el debate sobre el papel de la riqueza extrema en nuestro mundo continúa intensificándose, reflejando las complejas dinámicas de nuestra era digital.


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