El tipo de cambio oficial se mantiene estabilizado en torno a los $1.400 desde hace seis meses mientras la inflación acumula una erosión real acelerada: el tipo de cambio real multilateral se apreció 7,7% en lo que va de 2026 y retrocedió a niveles comparables con los de 2017, alejándose del piso de competitividad que el propio FMI definió como referencia mínima en su acuerdo vigente. El dólar paralelo, a valores constantes, se ubica en los niveles más bajos de la última década. La estabilidad nominal es funcional al esquema antiinflacionario de corto plazo pero acumula vulnerabilidades estructurales que la tradición desarrollista identifica con precisión: erosión de la rentabilidad exportadora manufacturera, desincentivo a la sustitución de importaciones y dependencia creciente de precios internacionales favorables para sostener un equilibrio que la política cambiaria no puede garantizar de forma endógena.